viernes, 19 de enero de 2018

LECTURA RECOMENDADA


Tres visiones de Las mil y una noches, de Daniel Guebel
La mujer perdida y el orientalismo
Los amores en fuga son una constante en la obra de Daniel Guebel (Buenos Aires, 1956). En las historias que componen Tres visiones de Las mil y una noches, el escritor recientemente premiado por la Academia de Letras se da el gusto de conjugar la obsesión de recuperar a la mujer perdida con una suerte de orientalismo pampeano, por momentos desopilante. En verdad, ya desde las primeras páginas esa obsesión se revela como una excusa para mantener al amor inalcanzable y puro, mientras los deseos eróticos se satisfacen en las fantasías del harén.
En el primer relato, Shahryar, el sultán de la historia original, está disfrutando la atención de Sherezade, se queda dormido y sueña que ella se escapa. O tal vez ella se escapa realmente. Así emprende la búsqueda de la mujer que maltrataba y ahora añora. El sultán hace de todo menos resignarse; se enfurece, enloquece, recorre el desierto junto con el sabio Omar, cree alcanzarla con un ritual y, finalmente, es en medio de su desesperación que comprende: una experiencia extraordinaria abre su percepción. Sin embargo, el dilema se multiplica y ya no solo la narración es capaz de aplazar la muerte, sino que también puede provocarla.
El tema del libro imaginario vuelve en el segundo relato con la fuerza de los sueños que parecen reales. Solo que Guebel da una nueva vuelta al mecanismo borgeano y habla, al mismo tiempo, de un libro inventado y del manuscrito de Las mil y una noches. Este cuento, que había sido publicado en un libro previo, Los padres de Sherezade, resulta un acorde secreto que da una clave vital para los demás relatos. De modo tal que la constelación de textos, que podrían leerse como una unidad, termina de conformarse con "Problemas del exotismo", el relato final, con personajes y obsesiones que van de una historia a otra.
Lo curioso es que en Tres visiones... los grandes conquistadores como Alejandro de Macedonia o Napoleón aparecen como hombres desesperados por hallar a alguien capaz de leer su gran sueño y multiplicarlo con tantas interpretaciones como sea posible. De algún modo, los relatos parecen mostrar que la conquista verdadera es definir la forma de las ilusiones y dejarlas en ese plano porque "entre potencia y acto existe la misma relación que entre ilusión y ruina". Así, los hombres que en apariencia todo lo consiguen, en verdad, solo destruyen aquello que sueñan y por eso fracasan. Dicho de manera más simple, sus ilusiones, al ser concretadas, se pierden en la certeza de una forma y necesitan quien las vuelva a escribir una y otra vez, como Sherezade hace noche tras noche, para salvarse.
Con esto podría caerse en el equívoco de pensar que la escritura del autor ronda las abstracciones y olvida el cuerpo. Muy lejos de eso, los relatos ponen la necesidad de satisfacer el deseo en primer plano. En especial, se crea un círculo entre el inicio y el final del libro; mientras la primera historia avanza en escenas de sexo oral, orgías y orgasmos interestelares en el medio del desierto más tradicional, la última concentra todo su sentido en la pintura realista de la vagina de una mujer.
Resulta un acierto que el orientalismo de Guebel sea muy del Río de la Plata. Los personajes se mueven en el desierto, disfrutan la lujuria de un harén pero tienen la preocupación de no ser "cornudos". Así, el lenguaje también es una forma de esa búsqueda arqueológica; la narración va excavando palabras de un registro alto y artificial y, sin transición, irrumpen escenas de un humor vulgar y efectivo. Esa fricción permanente entre opuestos (ficción y hechos históricos, abstracción y pornografía, amor y muerte) se desborda para poner en debate la relación entre el lenguaje y la verdad.
Es precisamente un sueño infantil desmesurado lo que parece anidar en las tres historias que dan forma a Tres visiones de Las mil y una noches y, de algún modo, sugieren que la única posibilidad de salvación se esconde en la imaginación, en el pensamiento y en las palabras.

TRES VISIONES DE LAS MIL Y UNA NOCHES
Por Daniel Guebel
Eterna Cadencia. 94 págs., $290


V. B.

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