martes, 24 de enero de 2017

TEATRO RECOMENDADO



Jekyll &Hyde / Libro: Leslie Bricusse / Música: Frank Wildhorn / Letras: Steve Cuden, Bricusse y Wildhorn / Intérpretes: Juan Rodó, Raúl Lavié, Melania Lenoir, Eluney Zalazar, Luis Podestá, Emi Fegger, Sebastián Vitale, Lucas Arbues, Patricio Witis, Pilar Muerza, Marcos Gorosito, Juan Ignacio Bianchi, Manuel Victoria, Karina Barda / Escenografía: Silvana Ovsejevich / Vestuario: Vanesa Abramovich / Iluminación: Santiago González Urrutia / Coreografía: Mariano Botindari / Dirección musical: Damián Mahler / Dirección general: Sergio Lombardo / Sala: Metropolitan Citi / Duración: 144 minutos

Toda adaptación local de un musical de gran formato lleva implícita la pregunta de si estará a la altura de su referente. Cuando termina la función de Jekyll & Hyde, el espectador puede reconocer que no sólo esa prueba está superada, sino que se trata de una versión particularmente virtuosa de esta obra.
El diseño escenográfico es uno de sus muchos aciertos. Lejos de buscar lo literal, utiliza andamios con los que el espacio se transforma varias veces. Así, da sensación de totalidad a partir de detalles. Una chimenea da cuenta de toda la mansión de Jekyll y unos faroles de toda la Londres laberíntica del siglo XIX. Si bien en ocasiones resuelve siguiendo la puesta de Broadway, hay también soluciones realmente originales a los problemas escénicos que plantea la pieza. Cada escena habilita desde algún objeto aislado la fantasía y los fantasmas del público. La orquesta que dirige Damián Mahler ofrece una notable ejecución para un musical plagado de grandes éxitos.
Gran trabajo de Juan Rodó
El elenco muestra un grupo sólido, lo que destaca la dirección de Sergio Lombardo. Aquí, el coro nunca es relleno. Cada intérprete da una personalidad y una historia a sus personajes para construir un complejo tejido social. Raúl Lavié encarna al abogado Utterson con oficio y gracia, su conexión con el público es inmediata y habilita, también, los momentos de humor de la pieza. Es precisa, también, la elección en los roles femeninos protagónicos: los tonos agudos de Eluney Zalazar y los graves de Melania Lenoir dan cuenta de las dos pasiones que tiran del protagonista, llegando a su punto más alto en el dúo entre ellas con el tema "En sus ojos".
A pesar de la coralidad de estos musicales, no se puede aquí dejar de destacar a su protagonista principal: Juan Rodó, que brinda una enorme interpretación. Esta clase magistral de cómo se debe transitar un personaje desde la voz y desde lo corporal deja ver un genuino deseo de adueñarse del rol. Jekyll y Hyde invitan a la caricatura por la formalidad del primero y la deformidad del segundo. Rodó evita esta tentación, abraza cada momento (como recuerda uno de los temas emblemáticos), huye del trazo grueso y encuentra una forma de recorrer a este desafortunado doctor para ir descubriendo, junto con el público, la progresión fatal de su experimento.


Jekyll & Hyde es una adaptación extremadamente libre de la novela de Robert Louis Stevenson. Si en el texto original sólo sabemos que Hyde pisoteó a una niña y asesinó a un anciano, aquí es un asesino serial que en momentos guarda un extraño afán justiciero. Si nada conocemos de la intimidad de Jekyll, el musical lo muestra entre el amor casto que le ofrece Emma, su prometida, y Lucy, una prostituta. Y, sin embargo, fuera del disfrutable melodrama que estas peripecias ofrecen, hay algo del original que parece encontrar una extensión lógica en la versión de Wildhorn y Bricusse. Porque Stevenson habló de mucho más que de la dualidad entre lo bueno y lo malo que hay en cada hombre. El siglo XIX descubrió en este texto algo que daba cuenta de una época que todavía nos interpela. Jekyll y Hyde son metáfora de cómo no hay avance de la humanidad que no sea, a su vez, generador de violencia. Esa paradoja profunda y dolorosa hace de Jekyll & Hyde una tragedia siempre contemporánea, una que encuentra su expresión exacta en el compromiso con el que este equipo asume su tarea.

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