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lunes, 23 de octubre de 2017

MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES....MÁS AMPLIO.... MÁS BELLO


Ampliación del Bellas Artes: ganar metros para mostrar más
El plan, cuyo llamado a concurso es inminente, permitiría que el edificio actual gane 7000 m2 para nuevas salas; con una inversión de 18 millones de dólares, se inauguraría en 2019
El Museo Nacional de Bellas Artes será ampliado.
El llamado a concurso internacional para ampliar la sede del Museo Nacional de Bellas Artes, la mayor pinacoteca de la Argentina, está en las gateras. Serán 7000 metros cuadrados soterrados en los extremos del edificio de Libertador y Pueyrredón, más un replanteo del conjunto de los espacios de exhibición, con un presupuesto aproximado de 18 millones de dólares y fecha estimada de inauguración a fines de 2019.

Hoy, el Bellas Artes exhibe sólo el 8% de las obras de su patrimonio (otros museos del mundo exponen entre el 12 y el 20%); el resto está en depósitos.
La ampliación del Museo Nacional de Bellas Artes era una asignatura pendiente desde los años 90, cuando su entonces director, Jorge Glusberg, y la presidenta de la Asociación de Amigos, Nelly Arrieta de Blaquier, iniciaron las conversaciones para dotar de más metros al MNBA y darle "paredes" a gran parte de la colección que hoy no se exhibe.
Desde entonces corrió mucha agua bajo el puente, cambiaron las autoridades, se aggiornaron los criterios museológicos y, lo que es más importante, creció de manera exponencial la audiencia del arte.
Las condiciones estaban dadas, pero faltaba la decisión política que llegó durante la primera visita de Macri a las salas, pocos días después de asumir como presidente de la Nación.
 Ese día dio el visto bueno para la ampliación y comenzaron los acuerdos preliminares entre las partes interesadas con vistas a determinar las prioridades y los alcances del proyecto.
Ahora las cartas están echadas. Hubo "fumata blanca" y acuerdo entre el ministro de Cultura, Pablo Avelluto; el director del museo, Andrés Duprat, y el presidente de los Amigos del Museo, Julio Crivelli.
La ampliación de 7000 metros cuadrados, que prácticamente duplica la planta actual, será destinada a salas de exhibición y al replanteo del acceso, los servicios, la tienda y los depósitos. La idea central es actualizar las instalaciones de la institución creada en el siglo XIX de acuerdo con los cánones del siglo XXI.
El contexto internacional
Por su naturaleza, los museos deben ser dinámicos, atender los nuevos públicos y sumar obras al patrimonio, sean compras o donaciones. El MoMA de Nueva York, ampliado en 2000, va camino de una nueva ampliación; el Whitney dejó el edificio de Marcel Breuer en Madison y se mudó a la sede friendly proyectada por Renzo Piano en el HighLine de Manhattan, y la Tate Modern de Londres sumó un nuevo edificio sobre el Támesis firmado por el prestigioso grupo suizo de arquitectos Herzog & De Meuron, inaugurado en junio de 2016 y visitado en un año por más de un millón de personas.

Ampliar la estructuras y expandir las colecciones es el mandato de los museos desde que dejaron de ser solemnes repositorios de obras de arte para ser destino turístico de multitudes, con una gran cuota de atractivo "visible" en los proyectos edilicios, cuyos ejemplos más mediáticos siguen siendo el Pompidou, de Piano y Rogers, y el Guggenheim del genial premio Pritzker, Frank Gehry.
La idea inicial de mudar parte de las colecciones del Bellas Artes a los cubos blancos del edificio de la Televisión Pública sobre Figueroa Alcorta quedó fuera de combate. Ya está en del despacho del subsecretario de Obras Públicas, el arquitecto Jorge Sábato, el pliego de necesidades para formular las bases del concurso internacional, que serán de "proyecto y precio", del futuro MNBA. Según anticipó Sábato está planteada la condición: "Si el concurso es ganado por un estudio internacional deberá trabajar con una empresa constructora local en un formato similar al realizado con el proyecto de Norman Foster, hoy sede del gobierno de la ciudad en Parque Patricios".
Un poco de historia

El diagnóstico inicial para encarar la ampliación deberá partir de la estructura actual formada por tres edificios de épocas, estéticas y funciones diferentes.
Fundado en 1896 por Eduardo Schiaffino, el Museo Nacional de Bellas Artes tuvo como primera sede las tiendas del Bon Marché, hoy Galerías Pacífico, en Córdoba y Florida. De allí se mudó al pabellón de exposiciones en la plaza San Martín y, en los años 30, al actual edificio de Libertador y Pueyrredón, antigua casa de bombas de obras refuncionalizada por el arquitecto Alejandro Bustillo.
En los 70, se concretó la ampliación de la gran sala del primer piso, conocida como sala 29, donde hoy se exhiben las colecciones de arte argentino, incluidas la sala de la Coleccción María Luisa Bemberg y la incorporación de la Sala Berni. La donación Hirsch, con su sala propia, fue inaugurada, en la planta baja, en abril de 1984.

A esta estructura central se suma el pabellón proyectado por César Gianello en los años 60, para la megaexposición de artes y ciencias que impulsó el presidente Arturo Frondizi, cuando el país miraba al mundo desde un horizonte de grandeza. Ese pabellón vidriado, deudor de la arquitectura de Mies van der Rohe, es hoy sede de la Asociación de Amigos, con su nuevo auditorio, talleres y el polo gastronómico liderado por 900, bajo el escudo de Mercedes-Benz.
El pabellón de Gianello será puesto en valor por la Asociación de Amigos del MNBA, información que confirmó Julio Crivelli, su presidente. Las actividades culturales de ese sector no serás suspendidas mientras se realicen las obras. El edificio de César Giannello, autor también del puente peatonal sobre Alcorta que conecta con la Facultad de Derecho, tiene un nivel de protección patrimonial que impide modificaciones en la fachada.
Así, si todo sale como está previsto, el "nuevo museo" será inaugurado a finales de 2019, tendrá un nuevo acceso y salas para exhibir algunas de las joyas que guarda el depósito, como la Colección Di Tella de arte precolombino, un gabinete de dibujos, más pintura europea y argentina que forma parte del patrimonio, y otras obras de las 14.000 que conforman el acervo del MNBA y que como primer paso deberán ser inventariadas.

Actualmente, solamente se exhibe alrededor de un 8% del patrimonio, mientras los museos del mundo muestran al público entre un 12 y un 20 por ciento de su colección.
Si bien el estilo de la ampliación estará dado por el ganador del concurso, que puede ser bien un prestigioso ganador de un Pritzker global o un estudio joven como ocurrió con el Malba -las cordobesas Fourcade, Tapia y Atelman-, está previsto que la expansión se haga hacia los extremos del actual conjunto, con una parte soterrada, enfatizando y respetando los espacios verdes circundantes.
La "calle" que actualmente une el pabellón de Gianello con el edificio del museo será un espacio verde y no está previsto un área de parking, que sí existe en el nuevo y vecino Centro de Exposiciones, cruzando la avenida Figueroa Alcorta.
Bajo la mirada atenta del ministro Rogelio Frigerio, el jurado del concurso estará integrado por tres representantes del Estado, un representante de la Federación de Arquitectos, un representante por los participantes y otro por la Sociedad Central de Arquitectos.
 Quien gane dispondrá de 30 meses para hacer la obra y, junto con el proyecto, deberá adjuntar el presupuesto. La ampliación está en marcha

TECNOLOGÍA; SECRETOS DEL WHATSAPP

Cada tanto, aparece alguna compilación de los 10 o 15 trucos y secretos deWhatsApp (que no podés dejar de conocer). Negritas y bastardillas, por ejemplo. Listas de difusión. Cómo fijar una conversación. Cómo evitar que nuestros generosos interlocutores, que comparten fotos y videos de todo pelaje (palabra empleada con toda intención), no agoten la capacidad de almacenamiento de nuestros dispositivos. Etcétera.
No están mal. Pero nada como lo que descubrí hace un tiempo y que, como en esas carambolas increíbles del billar, me llevó a otro todavía más útil. Allá vamos.
Los grupos de WhatsApp se han transformado en la herramienta a la que recurrimos cada vez que necesitamos una recomendación. Una veterinaria, un electricista, una empresa de decoración o un corralón, una carnicería buena y que no te mate, colegios, bicicleterías, un taller mecánico porque al auto le está costando arrancar, pizzerías, empandas, sushi y servicios de una variedad insólita, pero atendible.
Con un tope -por ahora- de 256 participantes, la ayuda del grupo no se hace esperar. Cualquiera sea la cosa que uno necesite, la respuesta llega en menos de 25 segundos. Con un adicional significativo: nos encanta debatir; y no creo que sea una característica exclusivamente argentina. En Usenet también se armaban unas flame wars de proporciones bíblicas. Otro tanto ocurría en el IRC. Pero Usenet era en diferido, como recordarán los veteranos, y al IRC íbamos específicamente a reírnos y a debatir; si un canal estaba en silencio significaba que había sido desertado. En WhatsApp, en cambio, los debates tienen un carácter explosivo. Duran un rato -en ocasiones un buen rato- y luego pueden pasar horas sin que nadie diga nada.
Por supuesto, hay variaciones, porque se trata de un mensajero muy plástico. Pero, al menos en mi experiencia, en los grupos, sobre todo en los que tienen muchísimos participantes (más de 50 es muchísimo), la interacción se da por ráfagas. Pero vuelvo a las recomendaciones.
Casi con entera certeza, el que haya calificado de "muchísimo" a tan sólo 50 miembros debe haberte quedado titilando, ¿me equivoco? Otra de las características de los grupos (en general) es que sólo una fracción de ese número participa activamente en los debates en general, y en el de las recomendaciones en particular. De hecho, sería casi imposible seguir una conversación colectiva si todas esas 50 personas emitieran su opinión. Ni qué decir si fueran más de 100. Sería demasiado texto, como se verá enseguida.
Es más: incluso con unos pocos participantes activos, la cantidad de caracteres que producimos durante estas ráfagas es realmente abundante. Uno puede sacarse una llaga en la yema del dedo índice si quiere encontrar a ese techista que recomendaron hace una semana (es decir, cinco o seis debates atrás). ¿Qué es lo más sencillo? Volver a preguntar, desde luego.
Hace un tiempo me encontraba necesitando un electricista y estaba seguro de que en el grupo de mi barrio se habían recomendado no ya un electricista, sino al menos media docena. Pero no me gusta importunar a los demás y se me ocurrió pensar que WhatsApp debería tener un buscador. Y enseguida dije: "Esto debe tener un buscador".
Fui a los tres puntitos que están arriba a la derecha, toqué y, ¡bingo!, allí estaba: Buscar. Tímidamente, escribí "electricis" y, como era de esperarse, no pasó nada. Maldije en sueco antiguo y entonces reparé en las dos flechitas mínimas a la derecha de la caja de búsqueda. Apreté la que apuntaba hacia arriba y ahí sí, la pantalla mostró la primera aparición de la palabra "electricista". Seguí apretando y obtuve media docena de recomendaciones. Que era exactamente lo que necesitaba.
OK, muy lindo, ¿pero durante cuánto tiempo recuerda WhatsApp los mensajes de un grupo? Bueno, desde siempre. O, para ser más preciso, desde que tenés ese teléfono. O, para ser ultra preciso, desde la última vez que hiciste un reinicio al estado de fábrica del equipo y reinstalaste WhatsApp. En mi caso, el grupo en el que más participo tiene todo lo que hablamos desde el 24 de noviembre del año pasado. Todo.
Ajáh, ¿y cuánto texto sería eso? Algo más de 3 millones de caracteres. En serio. Tres millones. Grosso modo, un libro de 1800 páginas. Por eso el buscador es fundamental.
Ahora, ¿cómo hice para averiguar la extensión de la larga charla que hemos mantenido en este grupo desde que existe? Para eso hay que usar otro truco. En el menú de cada chat (de grupo o individuales) hay una opción etiquetada Más. Al hacer clic ahí aparece la función Enviar chat por correo. El resto es obvio (bueno, no tanto, porque está a punto de aparecer una sorpresa): abrimos el adjunto que llega por mail con Office o LibreOffice y usamos la función Contar palabras/caracteres.
¿Y la sorpresa? WhatsApp da la opción de enviar el chat por correo con o sin archivos adjuntos. Es decir, con o sin todas las fotos, videos, audios y demás. Por obvias razones, si la charla lleva bastante tiempo, lo más conveniente es no adjuntar toda esa información, porque de otro modo va a superar fácilmente los límites que imponen los servicios de email. Además, podemos extraer los archivos que nos interesen directamente del teléfono mediante un cable USB.
Pero, ¿y la sorpresa? Ya llega. Así que elegimos enviar el chat por correo electrónico sin archivos adjuntos. Pero incluso en ese caso, WhatsApp nos enviará todos los contactos que intercambiamos, en formato VCF. Ciertamente, es más fácil buscar esos contactos como se explicó arriba, para añadirlos en un toque al teléfono. Pero un backup por mail no viene nada mal.
El del estribo: ¿cómo averiguar cuándo empezamos a usar ese teléfono? Simple, hay que ir al Panel de control de Google y buscar el apartado Android. Allí estarán todos los dispositivos que alguna vez hayamos registrado con esa cuenta de Google. Que, como sabemos, recuerda todo. Igual que WhatsApp. Que le pertenece a Facebook.

A. T.

ECONOMÍA; INCLUSIÓN


Hacia el crecimiento con inclusión en Argentina (I). Un foco en la informalidad laboral
[1] Por Paula Cerutti, Ángel Melguizo y Sebastian Nieto-Parra, Centro de Desarrollo de la OCDE
Argentina ha iniciado finalmente un proceso de recuperación económica, pero ésta es aún débil, y enfrenta desafíos para lograr un crecimiento más incluyente y sostenible. La previsión de la OCDE (2017) es que Argentina crecerá alrededor de 3% en 2017 y 2018, cifra superior al promedio de los países OCDE (2.1% en 2017 y 2018) y de América Latina (en torno a 1% en 2017 y 2% en 2018), pero aún por debajo del ritmo necesario para cerrar en el medio plazo la brecha con las economías de ingreso alto. Por ello, además de seguir robusteciendo su marco macroeconómico, Argentina debería adoptar políticas para mejorar el desempeño de la productividad laboral, el empleo formal y la inclusión de todos los argentinos.
No hay duda de que la desaceleración de la economía argentina desde 2009 puso en riesgo los logros sociales de principios de milenio. Así, el ingreso familiar per cápita anual promedio se contrajo para la mayoría de la población. Según nuestro análisis basado en la incidencia del crecimiento, solo el 5% más pobre vio mejoras en su ingreso, y éstas mejoras apenas superaron el 2% anual. La reducción de la pobreza entre 2009 y 2016 fue una de las más bajas de la región (CEDLAS, 2017a). Ello contrasta con lo observado entre 2003 y 2008, cuando el fuerte crecimiento del ingreso, en especial de los tres primeros quintiles de renta, impulsó la reducción de la pobreza y desigualdad en Argentina (Gráfico 1).

Gráfico 1. Curva de incidencia del crecimiento en Argentina
Notas: Los datos son representativos de centros urbanos de más de 100.000 habitantes. Las líneas punteadas reflejan el intervalo de confianza.

Fuente: OCDE (2017), Estudio Económico Multidimensional de Argentina 2017 con base en la Encuesta Permanente de Hogares (INDEC, 2017).



Es así que hoy, un tercio de los argentinos vive en situación de pobreza y un quinto son vulnerables a caer en ella, en buena medida por trabajar en empleos informales (Gráfico 2). La mayoría de las familias argentinas que salieron de la pobreza en los años 2000 no se unieron a la clase media, sino a un grupo intermedio entre los pobres y esa clase media consolidada a la que aspiraban denominado “vulnerable” (Ferreira et al., 2013, Tornarolli, 2014; Bussolo et al., 2014). Estimamos que este grupo en riesgo de caer en la pobreza en Argentina está compuesto por personas que viven en hogares con ingresos per cápita diarios de entre USD 9.8 PPA (equivalentes a la Línea Nacional de Pobreza según CEDLAS, 2017b) y USD 15 PPA. Son vulnerabless dado que la mayoría trabajan en empleos informales (en 2016 un 43% de los trabajadores de este grupo socio-económico son informales, significativamente por encima del 23% de la clase media consolidada) y no tiene acceso a servicios públicos de calidad, en especial educación (solo el 51% de los adultos mayores de 25 años que viven en hogares vulnerables se graduó de la escuela secundaria, frente al 70% de sus pares de clase media consolidada terminó la secundaria; además solo el 9% tiene un título terciario comparado con el 24% en clase media consolidada).
Gráfico 2. Población en Argentina por grupo socioeconómico, 2016
Nota: Los datos son representativos de los centros urbanos de más de 100.000 habitantes. Las clases socioeconómicas se definen utilizando la siguiente clasificación: “Pobre” = individuos con un ingreso diario per cápita de USD 9.8 o menos. “Vulnerable” = individuos con un ingreso diario per cápita de USD 9.8-15. “Clase media” = individuos con un ingreso diario per cápita de USD 15-50. “Ingreso alto”: individuos con un ingreso per cápita diario superior a USD 50. Las líneas de pobreza y los ingresos se expresan en USD PPA por día.
Fuente: OCDE (2017), Estudio Económico Multidimensional de Argentina 2017 con base en la Encuesta Permanente de Hogares 2016 (INDEC, 2017).
La elevada informalidad laboral está, por tanto, en la raíz de los problemas de Argentina para reducir la pobreza y la desigualdad e impulsar un crecimiento inclusivo. Cuatro de cada diez trabajadores de familias pobres o vulnerables (en riesgo de caer en la pobreza) lo hace de forma informal, el doble que en la clase media. Además, si bien hay quien sostiene que la informalidad es una fuente de empleo y subsistencia para muchos, lo es solo en el corto plazo. A medio y largo plazo dificulta la productividad, el crecimiento y la equidad (Levy, 2008; Tornarolli et al, 2014). De hecho, según nuestros cálculos hoy en Argentina los trabajadores formales ganan 35% más que los trabajadores informales con iguales características familiares e individuales. Y, lejos de ser un “escalón”, la entrada al mercado de trabajo con un empleo informal supone una “trampa”, dado que pocos trabajadores informales consiguen un empleo formal cada año (apenas dos de cada diez hombres y una de cada diez mujeres transitan de la informalidad a la formalidad) (Gráfico 3).
Gráfico 3. Flujos entre formalidad e informalidad por género en Argentina

Nota: Se muestra la tasa de transición anuales dentro y fuera de la informalidad en 2005-2015. Las tasas de transición se calculan como la relación entre el número de personas que transitaron del estado 1 al estado 2 cada año, y la población total que se encontraba en el estado 1 en el momento 0. Las transiciones se consideran de un año a otro. Los datos son representativos de centros urbanos de más de 100.000 habitantes.
Fuente: OCDE (2017), Estudio Económico Multidimensional de Argentina 2017 con base en la Base de Datos Laborales para América Latina y el Caribe (LABLAC, por sus siglas en inglés) (CEDLAS y Banco Mundial).
Que se puede hacer?
Reducir la pobreza y apoyar a la población vulnerable exige una política fiscal sostenible y progresiva, incentivos al empleo formal e inversiones efectivas en capital humano.
Una medida a explorar para reducir la informalidad laboral es la reducción temporal de las cotizaciones de la seguridad social de quienes se formalicen, al tiempo que se aumentan los límites máximos de aportes para mitigar las pérdidas de ingresos. Los impuestos sobre los ingresos laborales de un trabajador promedio de Argentina se elevan al 34.6% del salario, muy por encima del promedio de América Latina (21.7%) y similares al promedio de los países de la OCDE (35.9%) (OCDE/CIAT/BID, 2016). Al mismo tiempo, los segundos perceptores de ingreso en los hogares enfrentan las mismas altas tasas impositivas que los trabajadores principales, en contraste con la experiencia en Latinoamérica y en los países de la OCDE donde son mucho menores.
En el ámbito del empleo y la formación se han de fomentar iniciativas de empleo específicas para jóvenes y mujeres, en especial para aquellos que viven en hogares pobres o vulnerables. Si bien Argentina tiene experiencia en programas de capacitación laboral, en especial de formación para jóvenes vulnerables inspirados en el modelo dual alemán, los resultados son modestos (Alzúa, Cruces, y López Erazo, 2015; Alzúa y Brassolio, 2006; Aedo y Núñez, 2004). Para mejorar estos programas es importante i) reforzar los vínculos con el sector privado para fortalecer el componente de formación dual en actividades de alta demanda en cada provincia/municipio; ii) fortalecer la capacidad de los centros locales de formación para mejorar la calidad a lo largo del país; iii) evaluar los programas de forma rigurosa y periódica para mejorar su diseño y adaptarlo a los cambios de las necesidades del sector productivo, y vi) alinear los programas de capacitación con las actividades productivas del país (OCDE/CAF/CEPAL, 2016). En todos estos ámbitos los programas de formación y empleo han de alinearse con los objetivos de desarrollo productivo del Plan Productivo Nacional para mejorar la inserción de los productos argentinos en las cadenas globales de valor de servicios, agro-industria y manufacturas como los programas de capacitación, apoyo financiro y beneficios impositivos para pymes, el programas de subsidios en forma de fondos concursables del Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR) o el programa Desarrollo Productivo Local.
Sin lugar a dudas son programas ambiciosos, que requieren de recursos públicos, capital político y de una gran coordinación con el sector privado y los actores locales. Pero merecen la pena.

Referencias
Aedo, C. y S. Núñez (2004), “The Impact of Training Policies in Latin America and the Caribbean: The Case of Programa Joven”, Working Paper (Research Network) R-483, Banco Interamericano de Desarrollo, Departamento de Investigación, Washington, DC.
Alzúa, M.L. y P. Brassiolo (2006), The Impact of Training Policies in Argentina: An Evaluation of Proyecto Joven, Office of Evaluation and Oversight, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, DC.
Alzúa, M.L., G. Cruces y C.L. Erazo (2015), “Youth training program beyond employment. Evidence from a randomized controlled trial”, CEDLAS Working Paper Series, No. 177, Universidad Nacional de La Plata, La Plata.
Bussolo, M., M. Maliszewska y E. Murard (2014), “The long-awaited rise of the middle class in Latin America is finally happening”, World Bank Policy Research Working Paper 6912.
CEDLAS (2017a), “La pobreza en Argentina: el contexto regional”, Boletin CEDLAS, La Plata.
CEDLAS (2017b), “La pobreza en Argentina: recuperando la comparabilidad”, Boletin CEDLAS, La Plata.
CEDLAS and World Bank (2014), LABLAC, Labor Database for Latin America And The Caribbean (database), (accedido 1 de abril de 2016).
Ferreira, F., Messina, J., Rigolini, J., López-Calva, L., Lugo, M. y R. Vakis (2013), “Economic mobility and the rise of the Latin American middle class”, in Latin America and Caribbean Studies, World Bank, Washington, DC.
Levy, S. (2008), Good intentions, bad outcomes. Social policy, informality and economic growth in Mexico.Brookings Institution Press, Washington, DC.
INDEC (2017), National Household Survey [Encuesta Permanente de Hogares] (base de datos), Argentina (accedido 1 de abril de 2017).
OECD (2017), OECD Economic Surveys: Argentina 2017: Multi-dimensional Economic Survey.
OECD/CAF/ECLAC (2016), Latin American Economic Outlook 2017: Youth, Skills and Entrepreneurship.
OECD/IDB/CIAT (2016), Taxing Wages in Latin America and the Caribbean 2016.
SEDLAC (2016), Sedlac – Socio-Economic Database for Latin America and the Caribbean, (base de datos), CEDLAS, La Plata, (accedido 1 de marzo de 2017).
Tornarolli, L. (2014), “The evolution of the middle class in Latin America”, Working Paper 128, Centre for Inclusive Growth, UNDP.
Tornarolli, L., D. Battistón, L. Gasparini y P. Gluzmannet (2014), “Exploring trends in labor informality in Latin America, 1990-2010”, CEDLAS Working Papers 0159, CEDLAS, Universidad Nacional de La Plata.
[1] Este blog se basa en parte de los análisis realizados para OCDE (2017), Estudio Económico Multidimensional de Argentina 2017.

HIJOS..PADRES...PADRES-HIJOS


Por Federico Lorenz
Nunca entendí del todo la expresión “giro copernicano” hasta hace unos días, cuando tuvimos que internar de urgencia a mi padre. No importa por qué. O sí, importa lo que le pasa, porque es lo que le está llevando la vida.
Pero no es esto sobre lo que quiero escribir. En realidad, desde su internación vivo en un largo soliloquio en el que me ha tocado, por fin, vivir aquello que siempre está, pero que lo hemos disfrazado tanto, alejado tanto, extramuros del confort, de las certezas que nos construimos para creernos invencibles, que parecería que no existe. Lo descubro, por ejemplo, cuando me preguntan “¿Pero cuántos años tiene?” “Setenta y ocho”, respondo, y la respuesta es “¡Ah, pero es joven!”. No sé qué significa esa palabra cuando te muerden muchas enfermedades crueles. La Unión Soviética, por ejemplo, duró menos.
Una de las películas de Disney que más me gusta es Up. La historia de Russell, ese boy scout torpe y necesitado de afecto, la de Kevin, ese pájaro exótico y, sobre todo, la del señor Carl Fredricksen, ese viudo cascarrabias y amargado.
Un viejo que cumple el sueño que había sido suyo y de su esposa, Ellie: visitar las Cataratas del Paraíso. Sólo que no llega allí con ella, ya que murió años antes.
El comienzo de Up tiene algunas de las escenas más hermosas que alguien puede ver sobre dos personas que envejecen juntas, y la muerte de una de ellas.
Estos días siento que la gente sólo envejece como Carl y Ellie en la ficción, y por eso me gusta tanto esa película.
Deberíamos tener eso más presente. No en la línea admonitoria del memento mori, recordar que moriremos, sino para saber que un día los hijos deberemos, sin perder esa condición, transformarnos en padres de nuestros padres, ancianos–niños que viven en lugares que sólo conocimos como cuentos de nuestros mayores.
Ancianos–niños que no hacen caso, porque no pueden o porque no quieren, porque siempre fueron ellos los que nos educaron.
Si crecer es recordar, resulta que los ancianos-niños hacen lo contrario. Los hijos padres tenemos que decirles que hay cosas que (ya) no se pueden hacer. Ni siquiera sentarse solos.
Que tienen que pedir ayuda. Que ya no les toca ordenar silencio en la mesa. Que no se puede comer a cualquier hora. Que si levantan algo que es muy pesado les hará mal, aunque hasta ayer pudieran hacerlo.
Hay señales para los hijos padres, y conviene entrenarse para poder verlas. La primera es que el tiempo, como un viejo engranaje, se detiene y corre en sentido contrario.
Como en el reloj de péndulo que mi padre–hijo tiene en casa, y que a mí me encantaba atrasar forzando las manecillas.
Desde que me mudé, mis miles de libros aguardaron en cajas, apilados, o en estantes en quíntuple fila, su momento para cuando la nueva biblioteca estuviera terminada.
Y allí quedaron hasta hace muy poco. Sucede que cosas más importantes están ocurriendo y no pueden esperar. Los libros, sí.
Los estantes vacíos estaban allí para decirme que todo lo que pensaron, prepararon, estudiaron, les sirve de nada o muy poco a los hijos–padres para actuar.
Incluso puede que algunos libros, llevados amorosamente a su nuevo hogar, se transformen en un pensamiento sobre la futilidad de algunas cosas y la escasa importancia que le hemos dado a otras.
A la noche, los ancianos-niños vuelven a tener miedo. Vuelven a ese momento maravilloso en el que los sueños son reales, pero las pesadillas también. Mi padre-hijo me contó que había soñado que una ballena blanca lo perseguía.
Y un poco así es él, un Ahab que navegó hacia su perdición. Pero eso no importa ahora, porque lo que yo pensé cuando me lo dijo es que siempre le iba a deber el amor por los libros.
Y cuando se durmió, lo besé, porque esas señales también hay que saber verlas, y si la Ballena Blanca se había molestado hasta la habitación de un sanatorio de Avellaneda era también para decirme algo a mí.
Los hijos-padres también duermen con miedo. No pegan un ojo, como cuando dejaba prendido el velador, como si al hacerlo pudiera evitar que el teléfono sonara con una mala noticia.
Muchas antiguas lecturas regresaron estos días. Recuerdo Por un bistec, de Jack London, que leí cuando aún era sólo hijo.
La lucha de Tom King, el boxeador veterano que tiene que pelear para comer, pero que a la vez está tan débil que probablemente toda su experiencia no le valdrá para derrotar al joven que derrocha energía que tiene ante sí.
La pelea entre la vejez y la juventud, entre la fuerza y la inteligencia; pero también, las diferentes formas en las que una vida se apaga, y cómo se resiste a eso.
La pelea entre lo que creía que sabía y lo que me doy cuenta que no sé.
Un cuento sobre la confrontación con los propios límites, y con el límite de los límites, esa pelea con resultado cantado que ni el hijo-padre ni el anciano-niño pueden dejar de librar, y que es mejor si la pelean juntos.
Durante las internaciones uno aprende muchas palabras y cosas nuevas, las tareas del hijo-padre. Términos médicos, caras, apellidos, procedimientos burocráticos.
Pero lo cierto es que lo que queda es la belleza que puede haber en la reciprocidad. Nuestros padres, hace años, nos guiaron y acompañaron. Ahora que son ancianos–niños, los hijos padres tenemos que hacer lo mismo con ellos.
Hoy visitamos a papá con mi hermano y mi mamá. No quiere comer mucho. Está cansado. Le cortamos la compota bien chiquita para que pudiera pasarla, y le dimos agua con pajita. Es que el oxígeno le seca la garganta.
El cuarto del sanatorio es chico y compartido. No entramos los tres cerca de su cama. Desde un rincón, pude ver a mi hermano y a mi madre inclinados sobre él, haciéndole masajes en la espalda, tranquilizándolo.
Como sé que hicieron conmigo cuando sólo era hijo, aunque no lo recuerde, y yo alzaba mis brazos con ganas de salir al mundo.

LA LEGISLATURA RECOMIENDA

El libro "Las musas me visitan de madrugada".
Las musas me visitan de madrugada
Hernán Aldo Castro




En este libro, Hernán Castro cuenta su historia como enfermo de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Luego de atravesar las distintas etapas de la enfermedad, el autor llegó a una instancia de inmovilidad absoluta –con excepción de los párpados. Gracias a un sistema de comunicación que él mismo creó, puede estar en contacto con su entorno y así fue que, letra por letra, parpadeando, escribió este libro.
“Antes de amigarme entrañablemente con la ELA era un típico neurótico, un ser insoportable, egoísta, quejoso, insatisfecho y en la búsqueda incesante del progreso material. La enfermedad trajo consigo despojarme de todo aquello innecesario. Hoy disfruto únicamente de las cosas más sencillas, inadvertidas y poco relevantes.
No pretendo ser consejero, como un autor de libro de autoayuda, ni sermonear como rabino, cura o pastor, que muchas veces carecen de autoridad moral y de experiencia suficiente. En tal sentido creo tener prerrogativa y el derecho a brindar un sencillo asesoramiento a los destinatarios de este libro.
Formularé una simple pregunta: Usted, ¿es feliz? Solo caben dos respuestas posibles.”

Hernán A. Castro
Editorial "Libros del Zorzal"

http://www.delzorzal.com/libros/entretiempo/649-las-musas-me-visitan-de-madrugada

LECTURAS RECOMENDADAS


Isidoro Blaisten reeditado: una literatura contra la solemnidad
La reedición de Anticonferencias rescata una serie de textos en los que Isidoro Blaisten propone, con humor e irreverencia, una teoría literaria que se opone a los lugares comunes, y es ejemplo de una voluntad de volcar lo coloquial en la escritura "seria"
"La fiera ruge y el ángel canta." Así se llama la tercera parte de Anticonferencias, un largo reportaje hecho sobre la base de otros reportajes, con la que finaliza este libro de Isidoro Blaisten (1933-2004) que Tusquets reedita ahora, en la colección Rara Avis al cuidado de Juan Forn.
Es el propio autor el que se encarga de explicar allí por qué eligió esta frase y qué significa para él. Dice Isidoro: "¿No es hermoso? La fiera ruge y el ángel canta. ¿No es eso la literatura? Para mí la literatura es eso: un lugar desolado donde si la fiera no ruge el ángel no canta". Es a partir de esta definición -curiosamente o no, está al final del libro- que Isidoro construye toda su literatura, la que incluye, en un lugar único e irreemplazable, el humor. También al humor le dedica una definición que es y será inolvidable: "La penúltima etapa de la desesperación".
Para quien ha sido un testigo privilegiado de la escritura de gran parte de la obra de Blaisten, como es mi caso, es interesante analizar esta serie de reediciones de sus obras, que comenzó incluso en los meses posteriores a su muerte, el 28 de agosto de 2004, con la publicación de los Cuentos completos, en Emecé. De manera aparentemente casual, en el mismo año se publicaron su último libro (y su única novela), Voces en la noche, y esos cuentos, por los que se había hecho conocido y respetado.

Para lectores memoriosos de su obra y para los más jóvenes que habían oído hablar de ella, fue auspicioso que el editor Gito Minore reeditara, en 2014, y para la colección Rescate Poético de la editorial Punto de Encuentro, su único libro de poesías, Sucedió en la lluvia, género al que IB había renunciado voluntariamente porque, como aclara también en Anticonferencias, "a mí me da mucho miedo la poesía, porque tomada en serio, como manera de vivir, es un estado peligroso y latente que conduce a la locura".
El año pasado, la editorial Mil Botellas reeditó Carroza y Reina, treinta años después de su primera edición, en 1986, en Emecé. Algunos de sus cuentos, como el que da el título al libro, siguen teniendo una cruel actualidad.
Ahora se reedita Anticonferencias. Un texto que hizo decir a Juan Sasturain en su reseña crítica para el diario Clarín, en enero de 1984, que era "diverso y cambiante", en el que "contra los lugares comunes -que cada vez son más, porque todo es paulatinamente ocupado por todos- se pronuncia una vez más Isidoro Blaisten. Sus Anticonferencias pretenden la irreverencia: no son conferencias sino lo contrario o, al menos, una forma especial de ellas marcada por la informalidad, el humor, la sorpresa".
Isidoro siempre rescató la magia en todo, en la vida y en la literatura. Y algo de magia habrá para que sea, otra vez, Juan Forn el encargado de reeditar las conferencias que no son conferencias. En 1983, Isidoro tenía en su haber como escritor dos best sellers: Dublín al sur (1980) y Cerrado por melancolía (1981), y Emecé había decidido publicar "autores que no fuesen de la casa" (escribe Juan Forn en el prólogo).
Sobre la base de una conferencia, "Aburrimiento y literatura", repetida durante diez años con variaciones que la iban enriqueciendo, se construyó un libro nuevo, con otros textos aparecidos en suplementos culturales de algunos diarios y revistas, y una anticonferencia nueva, inédita, "Ensayo sobre lo obvio", que es, también, toda una teoría literaria, aunque no explicitada como tal, sobre cómo volcar lo coloquial a la escritura "seria", y el contraste entre lo realmente literario y la solemnidad con apariencia de profundidad. Nada extraño, si recordamos que el discurso que Isidoro dio en la Academia Argentina de Letras -el día que se lo recibió como académico de número, el 12 de septiembre de 2002- tenía como título "La solemnidad destruida": "Mi humilde teoría consiste en afirmar que, entre otras cosas, la literatura es solemnidad destruida".

Por eso, entre los muchos autores conocidos y los que no tanto que aparecen nombrados en Anticonferencias, está María Moliner en un lugar de preferencia. En 1983, cuando María (los que amamos a María Moliner y su obra monumental simplemente la llamamos María) y su Diccionario de uso del español eran familiares sólo para los lingüistas y los lexicógrafos, Isidoro adhirió inmediatamente a esa concepción del estudio y ordenamiento de la lengua a partir del habla. Una idea que lo preocupaba y ocupaba, y que lo llevó a escribir, en 2000, un artículo que se publicó en el Suplemento Literario de la nacion, "Apuntes sobre el lenguaje de los argentinos", y que terminaba así: "Nuestro lenguaje coloquial implica una ejercitación poética constante que, de alguna manera, nos rescata de la angustia cotidiana. Busca la salvación por el humor y como toda creación conjura el fracaso".
A Anticonferencias le siguió, unos años más tarde, una continuación, Cuando éramos felices (Emecé, 1992), escrito con ese mismo espíritu libre, iconoclasta, burlón pero tierno y piadoso a la vez. Había proyectado un último libro que cerrara la trilogía de ensayos -Gente de antes como título posible-, con nuevas "anticonferencias" y el ya mencionado discurso en la Academia, y que quizás alguna vez se publique.

Por el momento, y con Anticonferencias recién aparecido, vale la pena preguntarse qué vínculo establecerá hoy con sus nuevos lectores. ¿Será el mismo que hizo que, en el momento de su primera aparición, tuviera tres ediciones seguidas y figurara varios meses en las listas de best sellers?
Ojalá sea el que Isidoro Blaisten avizoraba en el final de su discurso académico y que tan bien se aplica hoy a la Argentina en particular: "Quizás, algún día, en este país, se alcance la buenaventura. Será el día en que los gobiernos se den cuenta de que pasarán los funcionarios, las crisis y las furias, y lo único que perdurará en la memoria unánime de la gente será lo que dijeron los poetas y lo que escribieron los escritores".
G. M.

MÚSICA; LA VOZ DE DIOS

Abatido en el final de su vida, enfermo y casi ciego, ensombrecido por la melancolía, Antonio Salieri recuerda con amargura su rivalidad con Mozart en los salones y las cortes europeas del siglo XVIII. Pero no son esencialmente las imágenes de ese pasado las que lo obsesionan: es un sonido, la voz de Dios. Es música que yo jamás he oído, dice sobre la obra de su adversario, y se interroga: ¿Por qué razón Dios ha elegido a una criatura tan obscena como instrumento suyo? Así lo cuenta el gran Milos Forman en su deliciosa fantasía cinematográfica, Amadeus, basada en la pieza teatral de Peter Shaffer. Regreso a esa escena ahora, en medio del encantamiento y la ligera conmoción que produce escuchar música en una iglesia. No es Mozart lo que se oye sino Mendelssohn con su Sueños de una noche de verano, en una versión instrumental a cargo de la Sinfónica Nacional; es decir, sin los lieder ni los melodramas de la partitura que el compositor escribió, como era su costumbre, para la versión teatral de la pieza de Shakespeare, a pedido de Federico Guillermo IV de Prusia.


El azar me ha puesto en la primera fila del auditorio. No es el lugar ideal para apreciar el sonido, pero la proximidad física con la orquesta le confiere a esa cercanía un interés singular. Estamos acostumbrados a escuchar a una orquesta a cierta distancia, una distancia en cierto modo poética. Sólo los planos cercanos del cine nos aproximan a los músicos, pero en el cine siempre media el hechizo de la luz y nada termina de ser del todo cierto. Lo primero que llama mi atención es que los músicos se parecen a las personas. Miro sus rostros, el modo en que mueven sus manos (estoy frente a la sección de las cuerdas, casi dentro de ella: el arco de una de las violinistas casi roza mi calzado cuando ella deja caer su brazo en posición de descanso), las miradas fugaces de complicidad entre los músicos, y no dejo de pensar en que esos seres que extraen de sus instrumentos sonidos celestiales, un efecto acentuado por la bóveda que nos cobija y una atmósfera de religiosidad que emociona aun a los espíritus agnósticos, esta misma noche deberán afrontar las pequeñeces de una vida corriente como la nuestra.
El concierto tiene como escenario la Parroquia San José de San Isidro, de modo que entre el público hay oyentes poco entrenados no sólo en la audición de música clásica (el programa se completará con las turbulencias románticas de la Sinfonía N° 7 de Dvorak), sino en la rigurosa etiqueta del género, de modo que cuando la agrupación dirigida con mucho brío por Guillermo Becerra concluye cada movimiento sobreviene un aplauso que, en vano, intenta ser sofocado por el chistido de los connoisseurs.


En un costado de la nave, veo a los miembros de una familia que, se me antoja, están escuchando música clásica por primera vez. Quizás hayan podido ver a una orquesta fugazmente en los vaivenes de la televisión, al cabo de extenuantes días de trabajo, pero raramente escucharla ni verla en directo, con la majestuosidad que adquiere el organismo cuando ataca, por ejemplo, la tan oportuna Marcha nupcial que cierra la pieza de Mendelssohn. La madre está sentada con la espalda ligeramente encorvada y los brazos caídos, tal vez como consecuencia de las fatigas del día, y de tanto en tanto bosteza; la cabeza de uno de sus hijos, a todas luces adormilado, reposa en su falda, pero la niña de no más de 6 o 7 años que está a su lado observa ese mundo nuevo (y lo escucha) con ojos de asombro y felicidad, como aquellas personas que al cabo de mucho tiempo se deslumbran y conmueven cuando conocen la nieve, el hielo o el mar. Tan sólo ese milagro debiera hacernos olvidar cualquier aplauso prematuro.
Hay algo prodigioso e inesperado en el encuentro. O quizá tan sólo sea que, algo distraído de la música esta vez, próximo físicamente a la orquesta como nunca antes, me he dejado cautivar por los rostros de las personas y procurado descubrir a qué vidas deberán regresar tan sólo dentro de un momento, cuando el milagro de la música haya concluido, aunque todos -oyentes e intérpretes agradecidos- vayamos a llevarnos su mensaje sanador en nuestros corazones y una fe renovada en el destino de los hombres. Porque, aunque esta vez Mozart no haya estado entre nosotros, todos hemos escuchado la voz de Dios.

V. H. G.

EDUCACIÓN; ÚNICA Y MEJOR SALIDA


Educación: trabajar para un muy bien 10
Urge modificar nuestro sistema educativo y una propuesta innovadora recientemente lanzada trabaja en esa dirección
Nos cansamos de escuchar que el futuro se asocia indefectiblemente a la calidad de la educación que sepamos brindar para construirlo. Los consensos sobre las políticas de Estado, a los que tanto nos cuesta arribar, deberían centrarse en esto.


Pareciera que, incluso, nos hemos acostumbrado a las escandalosas cifras que denuncian la gravedad de la situación. El 52% de los menores de 15 años no comprende lo que lee y sólo el 44% termina el secundario. El abandono, el ausentismo y la repitencia confirman que la calidad de nuestra educación está, desde hace años, en emergencia.
No basta con medir los conocimientos que los alumnos han adquirido. Urge repensar la transformación de todo el sistema, incluidos el formato del aula y la pedagogía utilizada. Por un lado, ampliando el foco para incluir valores y competencias cognitivas y socioemocionales de los estudiantes y sus aprendizajes. Por el otro, impulsando también cambios profundos en docentes y directores, con reformas estructurales indispensables ligadas a su formación y a la reformulación de su carrera para que no sean, como muchas veces ocurre, actores solitarios y desmotivados en las aulas, sin acceso a pedagogías innovadoras y atractivas con las que entusiasmar al alumno. Está claro que si las políticas vinculadas con la docencia y las pedagogías no se modifican, el sistema no presentará los cambios de fondo necesarios.


En este contexto y en esa dirección hay que destacar y celebrar el nacimiento de una valiosa iniciativa educativa que ha tenido su origen en una esfera distinta a la del Estado y que ha logrado suscitar las voluntades de empresas (Santander Río, Despegar.com, Globant, Adecoagro, Pampa Energía, Telecom, Telefónica, Toyota, BBDO, Edenor, Fibertel, Samsung, YPF, Ángel Estrada, Muchnik, Competir, Educatina, Educaria, Tinta Fresca), medios de comunicación (los agrupados en ADEPA, entre los cuales están Clarín y LA NACION), especialistas (Educar 2050), conocidos referentes (Alfredo Leuco, María Laura Santillán, Julián Weich, Iván de Pineda, Juan Carr, Hugo Porta, entre otros) y OSC (Conciencia) con el nombre de MB10 (www.muybien10.org.ar). El lanzamiento tuvo lugar recientemente en la Biblioteca Nacional.


Conscientes de la urgencia y la importancia que reviste que la educación esté en el centro de la agenda de prioridades para el desarrollo del país, este proyecto plural, multisectorial y apartidario se suma como actor relevante para reclamar y trabajar en el fortalecimiento del sistema escolar, proponiendo vías concretas de mejora del sistema.
La flamante iniciativa se dirige a implementar prácticas de innovación pedagógica abiertas, plurales y participativas que fomenten el trabajo en red y colaborativo entre escuelas, alimentando la motivación de los docentes para una gestión eficaz con foco en el aprendizaje de los alumnos, que proponga el uso adecuado de todas las herramientas disponibles para el aprendizaje, especialmente las tecnológicas.
Muchos y variados factores inciden en el aprendizaje: ratio docente-alumno, materiales didácticos, infraestructura edilicia, entre otros. Pero las investigaciones a nivel regional y global muestran que el "clima del aula", construido a partir de esa particular relación entre docente y alumno y entre los alumnos entre sí, es la variable de mayor influencia para lograr un aprendizaje significativo.
Detectar líderes educativos capaces de motivar e incidir adecuadamente en el propósito de mejora de las escuelas, promoviendo las ideas fuerza de la iniciativa, resulta clave a la hora de intentar aplicar cualquier cambio.
Las políticas y propuestas de comunicación dirigidas a atraer a los candidatos más sólidos y motivados para la docencia de excelencia que necesitamos adquieren un peso estratégico al igual que los programas de formación inicial que han de ser equitativos y accesibles para todos y contemplar distintos elementos que garanticen su más alta calidad. Entre ellos, las prácticas deben ocupar un lugar central, y la conectividad es prioritaria para que puedan acceder a material valioso desde las plataformas digitales que nos ofrece Internet.
También busca asegurar que quienes actúen como formadores de formadores sean de primera línea. La capacitación docente debe contemplar especialmente a los directores de escuela, tanto en lo que hace a la gestión como en su rol de líderes pedagógicos.
La iniciativa plantea claramente lo que a veces parece insinuarse sin la debida contundencia: la Argentina necesita promover un nuevo paradigma de maestros, impulsando una nueva carrera docente con auténticos incentivos para especializarse y ascender sin tener que dejar el aula; que brinde tiempos y espacios institucionales rentados para que los propios docentes -quién mejor que ellos- colaboren en la reflexión y planificación de las mejores prácticas y estrategias para la enseñanza que imparten.
Se apunta a una formación continua y accesible para todos los maestros que sirva para promover y afianzar su constancia e interés por renovar los métodos de abordaje en las aulas. Esto incluye que participen en programas semipresenciales de la más alta calidad, que compartan buenas prácticas con colegas y que se establezcan los canales necesarios para que del intercambio surjan constantemente alternativas para mejorar la motivación y el aprendizaje de los alumnos.
Si el sistema no brinda al maestro el acceso a pedagogías innovadoras y atractivas, su motivación decaerá inevitablemente y los chicos perderán la oportunidad de recibir ofertas superadoras en las aulas. El objetivo es también lograr que los propios alumnos quieran ser parte activa del proceso de aprendizaje, y para ello indiscutiblemente deben encontrar la motivación adecuada. Por eso, las políticas deben apoyar prioritariamente el desarrollo profesional del docente y las condiciones para que pueda ejercer la profesión en un nivel más alto.
Si las políticas vinculadas con la docencia y la pedagogía no se actualizan, el sistema no va a lograr ningún cambio de fondo; la experiencia recogida hasta el presente así lo ha demostrado en forma muy dramática.
Hoy asistimos a escandalosas cifras de niños carenciados que no acceden a cubrir dignamente sus menores necesidades. Es innegable que el contexto incide en la capacidad de aprender de un chico, pero la ciencia ha demostrado que no es determinante. Trabajar para superar urgentemente esta situación no debe llevarnos a olvidar que todos los chicos pueden aprender y que aun un cerebro dañado por desnutrición puede generar nuevas conexiones neuronales con los estímulos apropiados. En este contexto, el peso que adquiere un buen maestro se agiganta, pues su capacidad para incidir en cada chico es enorme.
El trabajo que propone MB10 se enfoca en dos ejes prioritarios: por un lado, un modelo de innovación escalable o repetible en todas las escuelas del país, y por el otro, la comunicación de estas experiencias inspiradoras y virtuosas que fomenten su sostenimiento a lo largo del tiempo con el acompañamiento de figuras populares para ganar una mayor masividad.


En esta primera etapa, MB10 ya comenzó a trabajar en diez escuelas de la provincia de Buenos Aires en los distritos de Cañuelas, Lanús, Pilar y Tigre, en zonas de vulnerabilidad, apadrinadas por las mencionadas empresas y acompañadas por otras tantas que quieran sumarse al protagonismo que la cuestión educativa nos demanda.
Articular los conocimientos y los aportes privados, públicos y del sector de las organizaciones de la sociedad civil es fundamental a la hora de explorar los caminos posibles para mejorar el rendimiento escolar. Todos podemos sumarnos.
El compromiso es impostergable y el desafío nos recuerda que si la educación no pasa a convertirse en un problema de todos, la Argentina estará condenada a continuar por la triste senda de la decadencia.

LAS RUINAS CIRCULARES

JORGE LUIS BORGES

Nadie lo vio desembarcar unánime anoche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoran los incendios de antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si anduviera la importancia de aquel exámen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, considera las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba en un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y que sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistirían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho mas arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aún sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombre derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer –y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, agua abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, que vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noche secretas.
El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humareadas que herrumbraron el metal de las noches; después de la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando.