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sábado, 31 de diciembre de 2016

UN ENORME ABRAZO, QUERIDOS COMPAÑEROS


FELICIDADES


COSTUMBRES DE AÑO NUEVO


Dar la bienvenida a un nuevo año es un evento festivo para todos los países alrededor del mundo. Las diversas culturas se manifiestan con pequeños o grandes rituales privados, comunales o públicos. Las creencias son tanto variadas como curiosas y marcan tradiciones cuyo origen muchas veces se desconoce.Te invitamos a conocer algunas de las más particulares costumbres celebradas alrededor del planeta para despedir un ciclo que termina y dar la bienvenida a un nuevo año.

Japón


En los templos budistas de japón se reúnen monjes, y en algunas ocasiones habitantes de pueblos cercanos a los monasterios, para tocar una enorme campana 108 veces. Para los budistas, el sonido y eco de estas campanadas purifican el alma del ambiente, las cosas y los seres que las escuchan; se llevan los malos recuerdos del año que muere y renuevan la energía para poder vivir un nuevo comienzo. A la tradición de las campanadas se le conoce como joya no kane.

Noruega


Para los noruegos el arroz con leche es el postre tradicional de la cena de Año Nuevo. No sólo lo comen porque es delicioso, sino porque simboliza el recibimiento de la fortuna y la abundancia en el año que llega. Al tradicional postre se le agregan almendras para darle un toque de riqueza al platillo y a sus comensales.

Filipinas



Para los filipinos la ropa de lunares atrae la buena suerte, la prosperidad y la fortuna, por esto, intentan siempre vestir al menos una prenda de coloridos lunares para recibir el Año Nuevo y llenarse de buena vibra.

Rusia



Para los rusos, que se guían por el calendario de la iglesia ortodoxa, el 31 de diciembre es una fecha tan especial como la Navidad, ya que ésta marca la llegada del Abuelo del Hielo. Este personaje, que se asemeja a Santa Claus, hace un extenso recorrido por todo el territorio ruso llevando juguetes y dulces a todos los niños. Es una tradición que a cambio de los presentes los niños ofrezcan al Abuelo del Hielo una canción, un poema o un baile alrededor del árbol navideño.

Dinamarca


Los daneses tienen la extraña costumbre de romper platos frente a la puerta de sus casas el día de Año Nuevo. Si estás en Dinamarca y quieres desearle prosperidad y abundancia a un ser querido, la última noche del año deberás pasar por su casa y romper tantos platos como puedas frente a su puerta. Esto simboliza la amistad y la fraternidad y entre más platos acumulen significa que también cuentan con varias amistades deseándoles un feliz año.

China


Pinterest

La cultura china es una de las más tradicionalistas para esta fecha: pintan las puertas de su casa de rojo el día de Año Nuevo. Esto, en su cultura atrae la felicidad y la buena fortuna. Además, en las calles se exhiben desfiles de dragones y fuegos artificiales. Esto último, según las creencias chinas, ahuyenta las malas energías. También suelen guardar los cuchillos para evitar que alguien se corte, ya que esto significaría una terrible suerte para esa persona en el año que comienza.

Grecia


Para los griegos el día de año nuevo se celebra la fiesta de San Basilio, ya que en esta fecha se conmemora el día de su muerte. Para la celebración es tradición hornear un pan en cuyo interior se entierra un moneda. Cuando el pan está listo se taja de esta forma: el primer corte se ofrece a Dios y el segundo a la prosperidad de la casa. Si este segundo corte contiene la moneda, significa que la primavera llegará temprano ese año, lo que en tiempos remotos equivalía a abundancia en la cosecha.

LOLA MORA



“Supimos de sus primeros pasos en la pintura de la mano del maestro Santiago Falcucci. Algunos años después, Lola supo con certeza que si quería tener una carrera en el arte debía estudiar en Italia. Y la meca era el taller de Paolo Michetti”





“Contábamos  que Lola Mora era hija de Regina Vega, quien además de los cinco hijos que tuvo con Romualdo Mora, padre de Lola, tenía un hijo natural con otro hombre. La condena social fue implacable. Pero eso no desanimó a la gran artista, sino que forjó su carácter y la preparó para pelear su lugar en un mundo de hombres, donde no había mujeres que, cincel en mano, esculpieran esculturas de la monumentalidad y excelencia de la obra de Lola Mora.
Supimos de sus primeros pasos en la pintura de la mano del maestro Santiago Falcucci. Algunos años después, Lola supo con certeza que si quería tener una carrera en el arte debía estudiar en Italia. Y la meca era el taller de Paolo Michetti.
Claro que no era una tarea sencilla: no existía artista que no quisiera ser discípulo del gran Michetti. Pero Dolores Mora de la Vega, tal el nombre completo de lola Mora, no iba a resignarse sin intentarlo.
El protocolo y el sentido común indicaban que lo primero que debía hacer era obtener una carta de recomendación de algún colega o una nota del embajador argentino, con quien Lola tenía buenas relaciones.
Sin embargo, la joven y resuelta tucumana, fiel a su intuición decidió llegar al taller de Paolo Michetti como lo que era: una mujer sencilla llegada de los confines del mundo sin otros títulos que su pasión y su talento.
Cuando estuvieron frente a frente, Lola inició un largo monólogo que fue interrumpido por un lacónico «no» del maestro. En pocas palabras le dijo que no tomaba nuevos discípulos. En el momento en que el pintor se daba media vuelta, pudo escuchar la insolente respuesta de la argentina quien, llena de indignación le dijo:
“Voy a estudiar con usted. Si usted no me aceptara el mundo se perdería una gran artista. Volveré mañana con la ropa adecuada para que vea cómo pinto.”
Y así fue. Michetti quedó fascinado. En pocos meses se convirtió en la discípula preferida del maestro.
Lola Mora vivió intensamente la bohemia romana: conversaba durante horas con el genial inventor Giuseppe Marconi, era amiga de la famosa actriz Eleonora Duse. Y sería durante esta época de formación artística cuando Lola Mora viviría uno de sus romances más atormentados.
En el taller de su maestro conoció a Gabrielle D’Annunzio, el mayor poeta italiano de la época, un verdadero mito viviente.
Muchos han puesto en duda la veracidad de esta relación; sin embargo, en el diario La tribuna apareció una caricatura de ambos fundiéndose en un abrazo apasionado.
Este romance debió ser tan breve como sufriente, ya que por entonces el poeta repartía su existencia con otras cuatro mujeres: la bailarina rusa Ida Rubinstein, Luisa Beccara, Gisella Zucconi y la propia Eleonora Duse.
Sin embargo, otro hombre habría de resultar decisivo en la vida de Lola: no solamente la haría olvidar a D’Annunzio, sino que abriría las puertas de su verdadera pasión.
En 1897 la artista tucumana conoció al escultor cubano Juan Cepeda quien también estaba viviendo en Roma. Tuvieron un romance apasionado; los furtivos encuentros en el atelier repleto de cuerpos marmóreos desnudos le hicieron comprender la sensual belleza de la escultura.
No nos consta que Lola Mora se hubiera enamorado de Juan Cepeda; sabemos, en cambio, que se enamoró perdidamente de la escultura y que jamás, a partir de entonces, habría de abandonarla.
Si los amores de Lola eran pasajeros, a veces por voluntad propia, otras a su pesar, su pasión por el arte, en cambio, era de una entrega incondicional y de un amor sin límites.
El día que supo que su destino era la escultura decidió tomar clases con los máximos maestros; con Constantino Barbella aprendió las sutilísimas técnicas de la miniatura, pero también la dura faena del volcado del bronce fundido, tarea que muchos hombres imaginaban imposibles para una mujer.
Con Giulio Monteverde, el mejor escultor de su época, aprendió a cincelar el mármol y a trabajar en escalas monumentales.
Lola tenía dos grandes virtudes: al talento natural para la plástica se sumaba la inteligencia para abrirse camino, generando situaciones que trascendían al hecho artístico.
El maestro Monteverde no sólo le enseñaba a cincelar la roca, sino también a esculpir su propia imagen pública.
A su taller había llegado una sencilla muchacha de pueblo y ahora todos veían salir a una mujer exótica, audaz y de una elegante extravagancia.
Lola Mora sabía mezclar con delicado equilibrio los dictados de la moda europea con pinceladas de la vestimenta criolla: bombachas gauchas combinadas con toreras españolas muy ceñidas a la cintura y una boina de campo a guisa de gorro de pintor.


Si bien Lola ganaba notoriedad en el ambiente del arte, el dinero que obtenía vendiendo algunas de sus obras no le alcanzaba para cubrir los enormes gastos de la gran vida romana que se daba.
Así, viendo que su viaje de iniciación y aprendizaje estaba llegando a su fin, la escultora decidió recurrir al auxilio del embajador argentino, Enrique Moreno, quien habría de interceder ante la instancia más alta para que se le mantuviera la beca que le había otorgado el Estado argentino: el Presidente de la República, Julio Argentino Roca decidió personalmente extenderle la subvención.
Este sería el comienzo de una larga y calurosa relación tan misteriosa como contradictoria: “Lola Mora, Roca y cincel”

viernes, 30 de diciembre de 2016

HABÍA UNA VEZ...


Por Arturo Pérez-Reverte.

 En los últimos días me ha venido a la memoria una historia familiar que tal vez les apetezca que les cuente. Ocurrió en plena Guerra Civil, a finales de 1938 y en Los Dolores, un pueblecito próximo a Cartagena, zona republicana, donde algunos jovencitos de ambos sexos habían sido enviados por sus familias para mantenerlos a salvo de los duros bombardeos que por aquellos tiempos asolaban la ciudad.
Era aquél un grupo de adolescentes entre los catorce y los dieciséis años, entre los que había tres o cuatro chicas guapas. Solían sentarse todos al atardecer bajo los porches de la panadería, para hablar de sus cosas.
Eran muchachos más o menos afortunados, pues su contacto con la tragedia era limitado: recuerdo de alborotos y disparos en las calles al principio del conflicto, retumbar de bombas que por la noche recortaban entre resplandores, a lo lejos, las colinas que circundaban la ciudad, partes de guerra oídos en la radio, camiones con milicianos de mono azul y soldados de caqui que pasaban con frecuencia por la carretera.
Éste era su principal entretenimiento. Se sentaban allí a verlos pasar polvorientos y cansados, y levantaban el puño respondiendo a sus saludos, cuando desde los camiones gritaban piropos a las chicas. A veces los oían cantar A las barricadas o La Internacional.
Durante un par de días, por alguna razón que nunca llegaron a conocer o no recuerdan, una de aquellas compañías de soldados se detuvo allí. Era gente disciplinada, con oficiales jóvenes y educados.
A los chicos de la pandilla les impresionaban sus uniformes, sus correajes y sus pistolas. Algunas veces conversaron con ellos bajo el porche de la panadería. Naturalmente, las jovencitas llamaban la atención de los militares, y entre ellas y los oficiales se entabló un coqueteo simpático e inocente.
Era muy común entonces, tanto en el bando nacional como en el republicano, la costumbre de la llamada madrina de guerra. Eso nada tenía que ver con el noviazgo.
Para los soldados del frente, la madrina era una mujer joven o mayor, soltera o casada, que le enviaba cartas para animarlo, paquetes con comida, calcetines de lana tejidos por ella y cosas así.
A veces sólo le daba una fotografía para que el soldado la llevara consigo en los peligros y se la mostrara a los compañeros. Una especie de amuleto de la buena suerte.
La más joven de las chicas del grupo se llamaba Lolita. Tenía sólo catorce años, pero era muy guapa, y para su edad estaba espléndidamente desarrollada.
Uno de los oficiales, un joven teniente moreno y con grandes ojos negros, le preguntó, medio en broma, si quería ser su madrina de guerra.
Y ella, por supuesto, dijo que sí. «Tendrás entonces que darme una foto tuya», dijo el oficial. «Está bien», respondió la chica. Así que corrió a su casa y regresó con una fotografía.
Cuando se la puso en las manos al oficial, éste miró la foto, la miró a ella y volvió a mirar la foto, primero sorprendido y luego con una sonrisa.
«¿Qué edad tenías cuando te la hicieron?», preguntó. «Un año y medio», respondió ella. El joven aún sonreía cuando guardó cuidadosamente en su cartera la imagen de un bebé sentado en un almohadón, con un lazo enorme en la cabeza, chupándose un dedo. Y aquella misma noche, él y sus soldados se marcharon al frente.
Lolita no volvió a saber nada de su ahijado de guerra. Pasaron los años. Se convirtió en una mujer espléndida, que tenía novio.
Había terminado sus estudios, hablaba un par de idiomas y trabajaba en una conocida agencia de viajes cuyas oficinas estaban en Cartagena, en la Muralla del Mar.
Y un día, diez años después de la guerra, un hombre entró en la oficina y preguntó por ella. «¿Se acuerda usted de mí?», preguntó. Ella no se acordaba.
Entonces él sacó de la cartera la foto algo ajada de Lolita con año y medio, chupándose el dedo. «Me acompañó toda la guerra, en cada trinchera y en cada combate.
Su foto me dio suerte. Estoy de paso por Cartagena, la he buscado a usted mediante unos amigos y he venido a devolvérsela». Y dicho eso, le estrechó la mano, dio la vuelta y se marchó.
Lolita todavía conserva esa vieja fotografía que durante un tiempo fue talismán de un soldado. Su ahijado de guerra.
Ahora ella tiene 93 años, y cuando le pregunto si en 1938 era así de ingenua, si aquella foto del bebé fue un acto de inocencia o una travesura deliberada, se echa a reír. Y es la suya una risa melancólica, traviesa y feliz.
Conozco bien esa risa, porque Lolita es mi madre.

EN EL LARRETA Y BAJO LA ARBOLEDA

 

Taller de verano: Pintura al aire libre en el jardín del Larreta

HISTORIAS DE VIDA....NO OLVIDAR


Augusto Daniel Jesús, la víctima del atentado a la AMIA que este año recuperó su identidad

Daniel en una foto de su infancia.
El nombre y el rostro de la víctima 85 del ataque del 18J se conocieron tras más de 22 años de espera. Hoy podemos saber más de Daniel gracias a los datos y las fotos que Cecilia Jesús aportó cuando se acercó, hace poco, a la AMIA. Conmovida por una nota que leyó en una revista sobre la historia de su primo, Cecilia ayudó a Daniel a salir del olvido.
Cecilia Jesús Lower fue la persona que encontró el “mensaje en la botella” que el periodista Hugo Martín de la revista Gente arrojó “al mar”, cuando en septiembre de este año escribió la nota: “La triste historia de Augusto, el muerto sin rostro”.
La nota se publicó después de que la Unidad Fiscal AMIA diera a conocer, en agosto pasado, que la víctima 85 del atentado era Augusto Daniel Jesús, hijo de María Lourdes Jesús, quien también perdió la vida en la fatídica mañana del lunes 18 de julio de 1994. Daniel tenía entonces 19 años.
Mientras esperaba en el consultorio del dentista, hace unos meses atrás, Cecilia tomó al azar una revista. Comenzó a hojearla hasta que se topó con las páginas que contaban la historia de su primo. Una historia escasa, incompleta, ya que muy poco se sabía – hasta ese momento- de la vida de Daniel y de su mamá.
Conmocionada por enterarse de esta manera del destino de su primo, con una mezcla de tristeza, culpa e incomprensión por la distancia y el silencio que pesaron siempre sobre los lazos familiares, Cecilia no pudo quitarse de la mente, durante días, el título que había leído: Daniel era “un muerto sin rostro”. Algo muy injusto y doloroso, pero también –pensó– una apelación directa “a hacer algo” para vencer el olvido.
Después de leer la nota, Cecilia pasó horas revolviendo cajas, buscando álbumes de fotos y recuerdos de la infancia. También se ocupó de averiguar, hasta donde pudo, cómo habían sido los últimos años de vida de su primo Daniel y su tía Lourdes.
Aún movilizada por la historia, la noche del 17 de noviembre pasado, Cecilia se sentó frente a su computadora, se conectó a Facebook y decidió enviar un mensaje a AMIA.
“Buenas noches. Quizá ustedes puedan ayudarme”. Así comenzaba el texto que Cecilia nos escribió. Con él, abrió la puerta que permitió que Daniel tenga hoy un rostro y una historia que contar. Más de 22 años después…
Rescatar a Daniel del olvido

“Ojalá la víctima número 85 de la AMIA tenga, además de un nombre, un rostro. El mensaje en la botella ya fue arrojado al mar”.
Las palabras que Hugo Martín eligió para cerrar su nota en la revista Gente comenzaron a hacerse realidad cuando Cecilia Jesús se contactó con AMIA.
En su mensaje, Cecilia nos decía: “Recordé una caja de fotos que mi padre conservaba y ahí están las únicas cosas que conservamos en mi familia relacionadas con mi primo: su certificado de 7° grado, una tarjeta del Día de la Madre hecha por sus manitos de niño, y un puñado de fotos. Si ustedes tienen algún archivo o libro de las víctimas y les sirve para darle un rostro, aunque no se parezca al que tenía cuando murió, quisiera poder aportárselas. No sé, siento que es la única forma de rescatarlo del olvido y devolverle la identidad que perdió”.
Inmediatamente respondimos el mensaje y el 21 de noviembre pasado, Cecilia se acercó al edificio de la AMIA. Llegó acompañada por un verdadero tesoro: el álbum de fotos y dos tarjetas escritas por Daniel cuando era niño.
En el encuentro, Cecilia compartió los datos que recordaba. Con cada palabra que dijo aquel día, el silencio y el olvido empezaron a quedar atrás. Con cada recuerdo que trajo al presente, la memoria comenzó a brotar. Y así se pudo materializar, en minutos, la reparación y la restitución de una identidad.
La fuerza de la memoria

Con la información que Cecilia brindó, las historias de Daniel y de Lourdes serán incorporadas a la Central de Recursos 18J (http://www.centralrecursos18j.amia.org.ar) que compendia el material informativo sobre el atentado y recuerda a cada una de las 85 personas que perdieron la vida.
El día que Cecilia llegó a la AMIA, pudimos saber que aunque Augusto era el primer nombre de su primo, en la familia todos lo llamaban Daniel.
La última vez que se vieron eran muy chicos: ella tenía 10 y él 8. Se veían siempre en la casa de sus abuelos, en Munro. “Por cosas de la familia, no nos seguimos viendo. No supe más de ellos”, nos contó Cecilia. “Vengo de una familia en la que hay muchos secretos y temas de los que no se hablaron nunca; una familia que no fomentó que seamos unidos, una familia desparramada, con muchas cosas no dichas. Por eso, se explican tantos años de silencio y que nadie antes se haya preocupado por querer saber más”, relató.
“Mi tía fue identificada desde el momento del atentado. Pero nunca más pudimos dar con el paradero de Daniel. Supusimos que estaban juntos porque iban siempre los dos a todos lados. Mi papá que, después falleció, trató de averiguar algo, pero no lo logró, y después todo quedó tristemente en el olvido”, agregó.
Cecilia se acuerda que cuando eran chicos, Daniel siempre estaba dibujando. “Era un nene más bien solitario, callado. A veces jugaba con nosotros pero la mayoría de las veces, se quedaba en un rincón con sus dibujos”.
Justamente dos de las ilustraciones de Daniel aparecieron en la caja de recuerdos que Cecilia fue a buscar después de haber encontrado esa verdadera botella al mar en que se transformó, literalmente, la nota de la revista Gente.
Dedicación. Amor. Cariño. Paciencia. Para un Día de la Madre, Daniel escribió estas cuatro palabras sobre una hoja y rodeó a cada una con un corazón. “Esto significa mamá”, escribió. Luego, pegó un sticker de la vieja revista infantil Cosmi-k y recortó una foto suya, en blanco y negro, para que estuviera al lado de su firma: Dani.
Con un marcador verde y en mayúsculas, resaltó una frase que hoy estremece:
“FELIZ DÍA TE DESEA TU HIJO, QUE TE QUIERE MUCHO”.

THE BEATLES EN DVD


Se acaba de editar en la Argentina Eight Days A Week - The Touring Years en formato DVD, la película de Ron Howard sobre los años de las giras de The Beatles
La banda más popular del planeta en una de sus visitas al programa de televisión más visto de los EE.UU., The Ed Sullivan Show
"¿Por qué gritan? No lo sabemos, pero cuando movemos la cabeza es cuando más gritan." La sincera respuesta de John Lennon durante una de las primeras conferencias de prensa de The Beatles en los Estados Unidos funciona como síntesis de Eight Days A Week - The Touring Years, el documental dirigido por Ron Howard que acaba de editarse en el país en formato DVD. La historia de los primeros años de la banda, cuando Paul, John, George y Ringo se subían a los escenarios con un único y firme objetivo: conquistar al mundo con sus canciones, su desparpajo y sus flequillos al viento.
El DVD va desde los inicios en The Cavern hasta su último concierto público en San Francisco en 1966, pasando por la mítica residencia en Hamburgo y enfocándose, especialmente, en su gira por los Estados Unidos, la que impulsó como ninguna otra la idea de "beatlemanía".
Con más de 100 horas de material inédito y declaraciones de artistas de la música y el cine que vivieron el fenómeno Beatles en vivo y en directo, Howard logra no sólo un fiel retrato de la banda de Liverpool arriba de los escenarios (¡sí, cómo tocaban en vivo!), sino también un viaje por la intimidad de los músicos durante las giras, el estudio de grabación y los sets de filmación de sus primeras películas; un documental sobre una época bisagra en la historia de los Estados Unidos, en donde se mezclan la guerra de Vietnam, la Guerra Fría, la aparición de los jóvenes como motor del consumismo, el asesinato de John F. Kennedy y la lucha contra el racismo, y por último, una mirada a los días en los que se inventó el show business en la industria de la música.
"Miren cómo mueven los dedos", relata un locutor radial como si se trataran de extraterrestres, mientras las imágenes muestran a los Beatles pisando por primera vez suelo norteamericano. "No es Presley, no es Sinatra ni John F. Kennedy... Son The Beatles y mueven multitudes", reflexiona otro mientras el operativo policial dispuesto en los EE.UU. es sobrepasado por miles de jóvenes al borde de un ataque de nervios.
El mundo Beatles antes de Sgt. Peppers y, especialmente, antes de la muerte de su manager y amigo, Brian Epstein. "Él fue el que nos hizo famosos", reconoce McCartney, y se lo puede ver a Epstein manejando los hilos detrás de escena, en algunas imágenes conocidas y otras no tanto.
Una de las conferencias de prensa de los Beatles en EE.UU.
Así como las famosas presentaciones en The Ed Sullivan Show se cruzan con una de las imágenes menos conocidas y más potentes del documental, que ni tiene a los Beatles como protagonistas: las tribunas repletas del estadio de fútbol Anfield, en Liverpool, en 1964, durante el entretiempo de un encuentro, con miles de hombres y niños (ninguna mujer) que se unen para entonar a capella "She Loves You", mientras se mueven para acá y se mueven para allá, en lo que bien podría pensarse como el primer pogo de la historia.
"Además de dar al público una gran experiencia de lo que fueron los Beatles en vivo, espero que también ofrezca un recordatorio, de modo centrado e intenso, de quiénes fueron antes de «la beatlemanía», en qué se convirtieron en el curso de la misma, y cómo crecieron y evolucionaron artística y personalmente, además de su papel en aquel monumental cambio cultural", aseguró Howard.
Pero la subida de "estos" Beatles, los que fueron entre 1962 y 1966, tiene sobre el final de la película, su debida caída. La desazón de no escucharse en escena por el griterío, el tedio del encierro durante las giras, el acoso de la prensa tras la famosa frase de Lennon en la que comparó a los Beatles con Jesucristo y la necesidad de escapar de ese tsunami que los envolvió por esos años llamados "la beatlemanía".

S. R. 

LIBROS CON IMÁGENES....LECTURA RECOMENDADA


Dúos entre escritura y artes visuales
Una serie de proyectos editoriales recupera la convivencia de texto e imagen en objetos que admiten ser leídos y mirados por igual; de Alberti y Ferrari a los autores más jóvenes
Los libros ilustrados no siempre estuvieron dedicados exclusivamente a los niños, sobre todo porque la niñez, como un destinatario específico del mercado editorial, tiene aún pocos siglos de vida. Desde el antiguo Egipto hasta las experimentaciones gráficas de los surrealistas, pasando por los bestiarios medievales y los libros de viajeros del siglo XIX, la convivencia ente textos e imágenes era armónica. Pese a los frecuentes ataques iconoclastas que despojaban la imagen de valores cognitivos, la coexistencia entre ambos códigos -escribir, dibujar- perdura en el tiempo más allá del arte de tapa.
En la Argentina, la publicación de libros con autor de dos cabezas (un escritor y un artista o un escritor-artista, como, solo en la cima, Hugo Padeletti) tiene su tradición. El Martín Fierro quizá mantenga el récord: Carlos Alonso, Juan Carlos Castagnino, Adolfo Bellocq, Ricardo Carpani y hasta Roberto Fontanarrosa aportaron sus creaciones al poema nacional por antonomasia, escrito por José Hernández. Cuentos de Borges y de Cortázar fueron transpuestos a historietas por artistas destacados del género: José Muñoz, Alberto Breccia y Carlos Nine. Pocas semanas atrás, el lanzamiento de un nuevo sello, Leteo, sorprendió con un libro de cuentos de Pedro B. Rey acompañados por dibujos de Eduardo Stupía.
Muchos Libros Felices apuesta a la amistad.
¿Cómo se produce esa amalgama entre artes? La serie Muchos Libros Felices, que lleva adelante el diseñador Fabián Muggieri, brinda algunas pistas sobre esa alianza. En la primavera de 2016, ese proyecto editorial creado en 2013 editó tres pequeños libros, en los que se entrecruzan poemas, crónicas, canciones y narrativa con artes visuales. MDF había nacido en la Web en 2011 y aún conserva su espíritu, definido por los lazos de amistad y la apuesta a la creación. "No hay un cronograma editorial, sino la intención de editar en diversos formatos cuando las ganas de ver el material en la calle lo requieran", dice Muggieri. Aún sigue en pie el proyecto de editar el libro de aquellos días felices de la página web. "2017 quizá sea el año de la concreción", adelanta Muggieri. "Mientras tanto, por una cuestión de energía y costos, las ediciones son de pequeño formato." En 2014, el primer título de la editorial fue Morón, el cuarto libro del poeta Juan Fernando García, acompañado por fotos de Muggieri, y este año, la colección de tres títulos de la serie Qué Suerte que Viniste.


Lo pequeño no quita lo cortés. En los tres libros, el eje es el amor. En Zoológico. Poemas, dibujos, animales, García preparó una antología de poemas y la artista chilena Francisca Yáñez sumó un elenco de animales coloreados de manera lisérgica. Los poetas de ese volumen son figuras clave de la poesía contemporánea local: desde el gran Francisco Madariaga hasta Alicia Genovese. Oleaje reúne prosas poéticas inéditas de la poeta cordobesa-fueguina Niní Bernardello, con grabados que se superponen con los textos. Al estar impresos en el sistema Risograph, se logra un resultado similar a la serigrafía. El tercer libro, Viernes de chicas, concreta en libro otra forma del amor: los poemas de Andi Nachon están ilustrados por su hija.
De a dos
La Marca Editora lanzó una nueva colección, bautizada Dúo. Un Escritor & Un Artista, compuesta por ahora por dos libros binarios: textos de poetas o filósofos, como Rafael Alberti y Jean-Luc Nancy, y dibujos o reproducciones de obras de, respectivamente, León Ferrari y Antonio Seguí. Los libros están impresos de manera impecable con tapas de cartón y un papel de primera calidad. Sobre todo en el caso del tándem Alberti-Ferrari (que fueron amigos durante años), la coexistencia de imágenes, cartas, poemas y "dibujos alfabéticos" constituye una unidad. Alberti vivió exiliado en la Argentina durante más de veinte años. Con Ferrari, editaron en 1964 Escrito en el aire, que incluye poemas de Alberti y dibujos de Ferrari. La edición actual añade además las cartas de Alberti a su amigo argentino.

Rafael Alberti por León Ferrari, y viceversa
Otra editorial, con sede en La Plata, acaba de publicar No tenemos apuro, un conjunto de cuentos de Carolina Bruck con dibujos que se intercalan entre las historias, urbanas y alocadas, de la narradora platense. "La inclusión de las ilustraciones surgió como una idea de la autora -dice Francisco Magallanes, del sello Club Hem-. Propusimos a Gabriel Lamoretti, con quien habíamos trabajado en otras oportunidades y de quien conocemos muy bien su obra. Se le propuso que se hiciera su propia lectura de los cuentos y generara metarrelatos a partir de los relatos de Bruck." Para Magallanes, ése es el principal aporte de los artistas: proponer lecturas de los textos.
Maximiliano Masuelli y Ana Wandzik, editores del sello rosarino Iván Rosado, publicaron Nuestra difícil juventud, con poemas de Francisco Garamona y dibujos de Vicente Grondona. Ambos coinciden con sus colegas de Club Hem. "No pensamos mucho en el formato de libro ilustrado -dicen-. En las publicaciones que hacemos el dibujo no aparece como ilustración del texto, sino como otro elemento narrativo que puede intervenir con independencia, abriendo otros órdenes de lectura."

Laura Haimovichi tiene experiencia en trabajar con artistas. Con el rosarino Adolfo Nigro publicaron cuatro libros de poemas y grabados. Este año, Haimovichi hizo lo propio (escribir) en Laetitia, el libro en que comparte autoría con el pintor entrerriano Julio Lavallén. "Lo conocí a través de un amigo común que quiso reunirnos para que hiciéramos algo juntos -cuenta-. Surgió la idea de compartir una experiencia: Laetitia es el nombre de la modelo y su cuerpo sin ropa fue el disparador de una maratón plástica, textual, fílmica y fotográfica que cinco años después se convirtió en el libro homónimo."
En uno de los poemas de Un bosque oriental, el libro de Silvina Mercadal publicado por Alción, un verso parece aludir a la conjunción creativa: "Manjares duplicados". El libro de Mercadal incluye en su interior ilustraciones en tinta de Mauro Cesari. "Con Mauro un día comenzamos a desplegar los poemas con los grafismos, mientras buscábamos una estructura." Para la poeta cordobesa, lo enriquecedor del proceso fue que de momentos disociados se produjo en conjunto el corpus textual. "Escribí los poemas, Mauro ofreció mestizar palabra-grafía, un día hicimos el juego de composición", resume. De procesos creativos semejantes están hechas las búsquedas actuales más interesantes de escritores, artistas y editores.

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LOLA MORA

“Lola Mora padeció lo mismo que muchos otros artistas argentinos: su obra sufrió el castigo por los supuestos pecados del autor y, a la inversa, su nombre fue vapuleado por el carácter provocativo de su obra.”
“Cuántas veces nos detuvimos a mirar los detalles de la Fuente de Las Nereidas, ahí en costanera sur, y nos preguntamos cómo habrá sido la vida de Lola Mora, esa mujer que a fines del siglo XIX y principios del XX talló el mármol con sus propias manos dejándonos una obra tan maravillosa y potente.


Lola Mora tal vez sea la artista plástica más notable que haya dado este país. Y hoy quiero traer la apasionante historia de Dolores Mora de la Vega, que ese el nombre completo.
Las polémicas y escándalos alrededor de su vida y su obra son muchísimos; atacada desde distintos sectores, en algunos casos opuestos entre sí, fue objeto de diversos reproches por sus esculturas cargadas de una sensualidad pagana, contraria a la iconografía promovida por la Iglesia Católica.
Lola Mora también fue acusada por los presuntos «excesos» de su vida privada de la que, en rigor, bastante poco se sabía.
Sin embargo, Lola Mora, una artista excepcional, no obtuvo, tampoco, el favor ni el afecto de los sectores progresistas a causa de su cálida relación con el general Julio Argentino Roca.


Lola Mora padeció lo mismo que muchos otros artistas argentinos: su obra sufrió el castigo por los supuestos pecados del autor y, a la inversa, su nombre fue vapuleado por el carácter provocativo de su obra. Una costumbre argentina, por cierto, muy extendida.
Lola Mora nació el 17 de noviembre de 1866 en la finca El Dátil, departamento de La Candelaria en la provincia de Salta, pero fue inscripta y bautizada en la iglesia de San Joaquín, en la localidad de Trancas, provincia de Tucumán. Más allá de cuestiones administrativas, lo cierto, es que ella siempre se consideró tucumana.
El escándalo la acompañó desde su más tierna infancia, cuando, al morir su madre, Regina Vega, se hizo público el hecho de que además de los cinco hijos que tuvo con su marido Romualdo Mora, tenía un hijo natural con otro hombre.
Basta imaginarse lo que significaba semejante cosa en aquella época y en un pueblo chico del interior.
Al dolor de la muerte temprana de su madre y, al poco tiempo, de su padre, se sumó la condena pública de la sociedad que, por lo bajo, llamaba a los huérfanos «hijos de mala madre». Este estigma determinó su carácter rebelde.


Hubo un hecho en la vida de Lola que marcó su vocación: cuando ella tenía veinte años llegó a Tucumán un prestigioso maestro de pintura italiano: Santiago Falcucci.
Lola, se acercó tímidamente al artista para mostrarle sus dibujos. Esperaba la opinión del maestro como si se tratara de una sentencia de vida o muerte.
Falcucci no solamente le dijo que tenía un gran potencial, sino que la admitió como discípula. En poco tiempo, Lola se convirtió en su mejor alumna. Sin embargo, un hecho lamentable habría de empañar su entusiasmo: Lola Mora presentó sus primeras obras en una exposición organizada por la Sociedad de Beneficencia de Tucumán, pero, habida cuenta de su pasado familiar marcado por la «indecencia» de su madre, la fundación decidió rechazar sus cuadros con un argumento humillante:
“La Srta. Mora no armoniza con el apellido de las demás expositoras.”
Lola Mora estaba indignada. El maestro Falcucci, en un gesto valiente y desafiando a la poderosa fundación, salió en defensa de su discípula: si no aceptaban la obra de Lola, retiraría la de todos sus alumnos. También sus compañeros mostraron una conducta ejemplar al solidarizarse con Lola.
Fue aquélla la primera y decisiva gran victoria de Lola Mora contra la prepotencia del poder ya que, al fin, le permitieron exponer sus cuadros. Pero más temprano que tarde le harían pagar caro su osadía.

 Todavía no había concluido la muestra, cuando empezó a circular el rumor de que la encendida defensa de Falcucci hacia Lola tenía un fundamento dudoso: tal vez, decían, la relación que los unía no fuese sólo la de un maestro con su alumna. La obra de Lola era juzgada ya no con la vara de la estética, sino con la balanza adulterada de la moral.
Dos años más tarde Lola Mora decidió redoblar la apuesta contestando a los rumores sobre su vida privada con una nueva y elocuente producción artística; presentó para la exposición los retratos de los sucesivos gobernadores de Tucumán. La obra, desde el punto de vista artístico, era sencillamente deslumbrante; y aunque alguien se hubiese atrevido a poner en duda aquel pincel magistral, nadie se habría animado a rechazar una muestra con tan insignes retratados. ¿Qué iban a decir ahora las damas de la sociedad, que la pintora se había acostado con todos los mandatarios de la provincia?


Lola Mora descubrió que para poder abrirse camino en el tortuoso mundo del arte había que moverse con inteligencia. Fue una jugada maestra: no sólo consiguió exponer nuevamente en el salón de la Sociedad, sino que el gobierno provincial compró la colección completa, pagando a la autora una suma formidable para la época: cinco mil pesos.
Aquella venta le permitió a Lola Mora dar el primer gran salto de su carrera.
Ella sabía que para poder avanzar debía seguir estudiando, perfeccionado sus técnicas y abrirse a otras disciplinas. Dolores Mora de la Vega resolvió entonces viajar a la meca del arte: Italia.


Esta es apenas la introducción que nos acerca a la vida de esta artista formidable que hasta hoy no se ha valorado en su verdadera dimensión.

F. A. 

jueves, 29 de diciembre de 2016

MI 1º VEZ COMO LECTOR


Era hora de dejar las historietas y empezar a leer libros. Así que, en el verano de 1968, depositaron en mis manos Tarzán de los monos. Juro que lo intenté. Pero, ¿qué podía tener de interesante, para un chico de 7 años de la ciudad de Buenos Aires, la historia del hijo de dos aristócratas británicos criado por una tribu de primates en el África? Nada. Peor aún, el volumen era grueso y pesado, y estaba impreso con tipografía diminuta. Seis meses después, volvieron a la carga, esta vez con Veinte mil leguas de viaje submarino. El argumento prometía, pero el francés, ¡ay!, no es fácil de traducir, y aquella versión era tan suave como un piedrazo. Tampoco pude con él.
Empezaba a asustarme. En casa los libros eran venerados, veía a mis padres leer durante horas e incluso teníamos un cuarto repleto de volúmenes al que llamábamos La Biblioteca. Era evidente, sin embargo, que yo no había nacido para las letras.
Mi curiosidad siempre fue un incordio. Mi etapa de los por qué había causado varias crisis familiares, lo mismo que mis insolentes averiguaciones sobre casi todo, desde la creación del mundo hasta la rara costumbre que tenían las mujeres de engordar justo antes de que llegaran las cigüeñas (cuya misión, claro, me inspiraba numerosas dudas).
Esa curiosidad me llevaba con frecuencia al desván, en el rellano de la escalera que iba a la terraza. Había allí tal variedad de objetos que, confiaba, nunca terminaría de explorarlo. Una tarde apareció, soterrada bajo cajas de azulejos franceses, utensilios en desuso y herramientas de jardín, una gran lata de como metro y medio de alto. Me costó abrirla, pero, cuando lo logré, el hallazgo fue decepcionante.

 Paquetes de cartas y de fotos, imprecisos compendios de billetes antiguos, de postales y de caracolas marinas, manuales insondables, una máquina para encorchar botellas, sombreros agobiados y almanaques vencidos. Estuve a punto de cerrarla y declararla territorio conquistado, pero, a último momento, vi algo en el fondo que llamó mi atención. Cavé y escarbé, como un arqueólogo de lo baladí, hasta que logré exhumar una colección de libritos pulp, ediciones bien rústicas de no más de 120 páginas, tipografía grande y tapas con naves espaciales, guerreros galácticos, pistolas de rayos, ondulantes princesas marcianas y monstruos extraterrestres. ¡Al fin! ¡Esos eran libros!
Con la convicción de que esa colección no había sido exiliada por error, tentado de husmear una obra que presumía prohibida, la dejé donde estaba e instalé mi espacio de lectura en la terraza. La táctica me permitía acceder a los libritos y leerlos sin que nadie se enterara.
Pura aventura y con una prosa despojada, tenían el formato perfecto para entrenar el cerebro infantil en esa endemoniada tarea de convertir hileras de dibujitos en imágenes, en escenas, en historias. Recuerdo como si fuera hoy cuando traspuse la página 100. Y cuando terminé mi primer libro. Estaba orgulloso y feliz. Pero, luego de muchos meses, ocurrió lo inevitable. La colección se terminó. Me sentía desolado, y esa desolación era lo mejor que podía estar pasándome. Ahora no estaba obligado a leer. Necesitaba leer.


Con alguna aprensión volví a La Biblioteca, pero esta vez busqué los lomos más coloridos. Allí habitaban Bradbury, Clarke, Asimov, Sturgeon, Van Vogt, Heinlein, Lem. Serían ellos los que, años más tarde, me conducirían a Cervantes, Flaubert, Cortázar, Dostoievski, Kafka. En ese momento, mientras acariciaba mi nuevo tesoro, se me ocurrió una idea. Fui hasta mi madre y le pregunté:
-Mamá, ¿cómo se escribe un libro? -Tras recuperarse de la conmoción, me explicó que simplemente te sentabas y lo escribías.
-Y ponen tu nombre en la tapa -razoné. Mi madre asintió, preocupada. Me quedé pensando un par de días y luego fui al bazar de mi abuelo y le pedí un cuaderno de 100 hojas con tapa dura y una birome azul de trazo grueso. Profético, don Manuel me dijo:
-Venga, llévate varias.

A. T. 

HAY QUE BESARSE MÁS.....PREFIERO AL NATURAL PERO.....


Así es Kissenger, el videochat que permite transmitir besos reales a distancia
Sus creadores aseguran que su curioso sistema de mensajería permite experimentar nuevas formas de expresión gracias a un accesorio que reproduce, a distancia, los movimientos y la presión de los labios

Kissenger, una mezcla entre kiss y messenger, busca desarrollar las tecnologías táctiles para emular el efecto de un beso a distancia. Foto: Gentileza kissenger.mixedrealitylab.org
Las distancias pueden acortarse de forma virtual mediante los servicios de chat, pero aún así, las muestras de afecto se limitan al texto, video y voz. A su vez, expresiones como un abrazo o un beso por el momento sólo están limitados a los célebres emojis.
Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de Londres planea resolver este inconveniente con Kissenger, el primer sistema móvil para transmitir las sensaciones que genera un beso mediante un accesorio de hardware que se conecta a un smartphone. El dispositivo registra los movimientos de los labios (posición, presión, duración), envía las instrucciones por Internet y reproduce el mismo movimienot en el receptor que tiene el destinatario del beso.
Según Emma Yann Zhang, una de las creadores del servicio e investigadora de la Universidad de Londres, Kissenger emplea una serie de sensores de alta precisión que están instalados debajo de un molde que emula ser unos labios artificiales.
El dispositivo Kissenger, en detalle. Gentileza kissenger.mixedrealitylab.org
Por el momento la aplicación está en una etapa de pruebas, pero sus creadores planean lanzar una versión de la aplicación para teléfonos iPhone.
"Kissenger puede ser utilizado por parejas a distancia, familias e incluso como recurso de marketing. Las celebridades o ídolos pop podrían enviar besos a sus fans de todo el mundo", dijo Zhang en su blog.

MADURO Y LA P.Q.T.P.


Kevin Lara murió el día que cumplía 16 años; su familia no tenía comida y se intoxicó con mandiocas que recolectó de un baldío; en el hospital faltaban insumos básicos para salvarle la vida
Yamilet Lugo visita la tumba de su hijo, en Maturín.

MATURÍN, Venezuela.- Se llamaba Kevin Lara Lugo y murió el día en que cumplía 16 años.
El día anterior lo había pasado hurgando en busca de comida en un terreno baldío, porque en su casa no había nada para comer, y más tarde en el hospital, luego de enfermar gravemente por lo que había encontrado para comer.
Un par de horas después yacía muerto sobre una camilla que pasó rodando empujada por los médicos ante los ojos impotentes de la madre de Kevin. La mujer dice que en el hospital faltaban hasta los insumos más elementales para salvarle la vida aquel día del mes de julio.
"En casa la tradición es que el día del cumpleaños de mis hijos, yo los despierto cantándoles -dice Yamilet Lugo, madre del chico-. ¿Cómo iba a hacer eso si mi hijo estaba muerto?"
Las desgracias sufridas por Venezuela a lo largo de este año han sido innumerables. La inflación obligó a los empleados de oficina a abandonar las ciudades y a meterse en pozos de minas en medio de la selva, exponiéndose a las bandas armadas y los brotes de malaria con tal de ganar algo para sobrevivir.
Los médicos se prepararon para operar en mesas con sangre ante la escasez de agua para higienizar los quirófanos. En los hospitales psiquiátricos, los pacientes debieron ser atados a las sillas por falta de medicación contra las alucinaciones.
El hambre ha hecho que muchos se dediquen al saqueo y que otros se lancen al mar en botes destartalados para escapar de Venezuela.
Pero esta historia de un chico que no tenía comida, fue a arrancar raíces silvestres para comer y terminó intoxicándose parece encarnar todas las penurias juntas de Venezuela.
Hacía meses que la crisis económica rondaba a la familia, hasta que se cobró como víctima al segundo de los hijos mayores de la casa.
El barrio donde viven los Lugo está ubicado en los márgenes de la que alguna vez fue una próspera ciudad petrolera, pero que desde hace tiempo carece de lo más básico, como el pan o la harina de maíz.
La fábrica de cubiertos descartables donde trabajaba Yamilet cerró en mayo por falta de materia prima importada, una más de las empresas que quedaron ociosas en todo el país. La familia Lugo se quedó desde entonces sin fuente de ingresos.
Yamilet dice que en el hospital no había respiro. Al igual que tantas clínicas en Venezuela, la de Maturín carece de insumos básicos, como el suero, y la familia debió recorrer toda la ciudad y lidiar con los traficantes del mercado negro para conseguirlo en las horas previas a la muerte de Kevin.
"Este chico murió así sin ninguna razón", dice Lilibeth Díaz, su tía, parada frente a la tumba del joven, donde el nombre Kevin fue escrito con el dedo sobre el cemento fresco por uno de sus amigos.
Yamilet se queda mirando en su celular una foto del año pasado en la que está abrazada a su hijo en el porche de la casa, que Kevin había pintado de amarillo. Ha cambiado mucho desde esa foto, y las clavículas sobresalen notoriamente de su cuello.
"Ahora peso 40 kilos", dice la mujer.
Kevin también estaba perdiendo peso. De hecho, ya en marzo de este año, toda la familia había adelgazado.
Fue entonces cuando José Rafael Castro, novio de Yamilet y el único otro ingreso que tenía el hogar, llegó con malas noticias: la fábrica de bloques de cemento para la construcción donde trabajaba lo había despedido por falta de materias primas para seguir produciendo.
Al principio, la familia comía mangos. Cuando llegó el verano, a mediados de año, ya estaban sobreviviendo a base de la mandioca que crecía en una parcela que les quedaba relativamente cerca en colectivo. "Comíamos eso mañana, tarde y noche", dice Yamilet. Pero en julio ya no tenían plata ni para el colectivo, así que empezaron a buscar en otras partes.
Ya se acercaba el cumpleaños de Kevin. La familia sabía que éste sería el primero sin torta ni regalo, pero había surgido una solución: un vecino de la cuadra cumplía años esa semana y había ofrecido guardar una porción de torta para Kevin.
Pero de todos modos esa noche con algo iban a tener que engañar el estómago: hacía tres días que la familia no comía nada y ya todos se sentían débiles.
Kevin y Castro habían oído hablar de una parcela abandonada a unos 45 minutos a pie de su casa, donde algunos de sus vecinos iban a arrancar mandioca amarga.
Apenas salieron del terreno, cuatro hombres armados los rodearon y les quitaron los celulares, cuenta Castro. Fue un roce con la tragedia, pero Kevin y Castro se fueron contentos porque no les quitaron la mandioca. No sabían que lo peor estaba por venir.
La familia sabía de los riesgos de la mandioca amarga y había intentado secarla para extraerle las toxinas, una práctica usada para hacer un pan seco típico de la región.
"No teníamos otra cosa que comer", dice Castro.
Pero a eso de las 23.30 del 25 de julio, víspera del cumpleaños de Kevin, toda la familia estaba enferma. Castro vomitaba y Kevin se revolcaba en el piso. La intoxicación con mandioca se trata con un lavaje intestinal, suero y otras medidas terapéuticas. Pero la familia de Kevin dice que el joven estuvo horas esperando ser atendido en los pasillos del atestado hospital Manuel Núñez Tovar.
El director del hospital, el doctor Luis Briceno, dice que es una situación que se repite en una institución colapsada: en la sala de emergencias, con capacidad para 200 personas, por momentos hay 450 pacientes necesitados de atención médica.
"Siempre hay alguien que se queda sin ser atendido", dice Briceno.
El médico dice que la escasez de insumos es crónica y que los pacientes tienen que salir a buscarlos y comprarlos ellos mismos, como la solución fisiológica que le faltó a Kevin.
Según Yamilet, una enfermera les dijo que salieran a conseguir el suero ellos mismos, y la familia lo encontró en el mercado negro a cuatro dólares la unidad, mucho más de lo que podían pagar.
Finalmente, otra familia que tenía dos unidades de solución de más se solidarizó con ellos y se las dio para Kevin, pero su estado apenas mejoró, y hacia las 4 de la mañana del 26 de julio, día de su cumpleaños, el chico apenas podía hablar.
"Tenía el estómago como piedra", dice su madre, que recuerda que en los últimos momentos a su hijo le salía un líquido negruzco por la boca.
A las 4.45, Kevin estaba muerto.
El día del entierro, el ataúd de Kevin fue escoltado por una larga hilera de amigos y parientes a lo largo de un camino que su madre vuelve a recorrer todos los domingos cuando va a visitar su tumba al cementerio.
"Cuando cumplía años, mi madre me despertaba cantándome el «Feliz cumpleaños», y yo seguía la misma tradición con mis hijos", dice Yamilet.
El día del entierro de su hijo, Yamilet le cantó a su hijo mientras bajaban el cajón.

N. C. 

ACTIVIDADES PASADA Y FUTURAS; SALUDOS



Queridos Amigos:
Estamos finalizando el año 2016, un año muy fructífero para la Universidad de Tel Aviv y para la Asociación de Amigos de Argentina por los logros alcanzados.
En el transcurso del año 2016 la Universidad de Tel Aviv ha generado numerosas investigaciones médicas que han permitido el desarrollo de novedosos test diagnósticos, drogas y tratamientos para distintas enfermedades como la fibromialgia, mal de Alzheimer, mal de Parkinson entre muchas otras dolencias. Ha logrado importantes avances en campos como computación, nanotecnología e ingeniería lo que ha permitido desarrollar nuevas y sorprendentes tecnologías que ya se están utilizando en todo el mundo. En las áreas humanísticas y sociales se han publicado cientos de artículos en revistas internacionales que ayudan a comprender al hombre, su historia y su presente. Sin dudas el trabajo de la Universidad de Tel Aviv está ayudando a mejorar la salud y la calidad de vida de millones de personas.
Los Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina hemos avanzado en importantes acuerdos de intercambio y cooperación académica y científica con distintas instituciones de nuestro país, hemos podido ofrecer a nuestros miembros y a la comunidad en general múltiples actividades científicas, académicas y culturales de alto nivel, entre ellas:
• Encuentro en la ciudad de Punta del Este, Uruguay, con la participación de Marcos Aguinis y Santiago Kovadloff.

• INNOVATION DAY 2016: Un día para pensar en Innovación. Un encuentro con los principales referentes de la innovación, la ciencia y la tecnología.
• 21° Simposio Internacional de Economía con la participación de los más importantes economistas y analistas políticos de Argentina e Israel.
• Ciclo de Conferencias Reflexiones sobre nuestro Tiempo en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires para analizar la situación actual y perspectivas para nuestro país.
• Octavas Jornadas Científicas Argentino-Israelíes con la realización de seminarios científicos en la Sociedad Argentina de Biología, en la Facultad de Medicina de la Universidad Católica Argentina, en el Instituto Leloir y en el Instituto de Neurología FLENI.
• Curso “La música y las Artes Plásticas" a cargo del Lic. Pablo Kohan, Master en Musicología de la Universidad de Tel Aviv, crítico musical en el diario La Nación y Director de la Radio Nacional Clásica
• Conferencias con la participación del Jefe de Ingenieros de la NASA Ing. Miguel San Martín: La Innovación como forma de vida: El desafío de liderar misiones espaciales al paleta Marte
• Homenaje en memoria de Shimon Peres (Z´L) con la presencia de importantes analistas y un concierto en su honor.
Profesores de la Universidad de Tel Aviv visitaron nuestro país y ofrecieron conferencias y seminarios académicos:
• Dr. Danny Chamovitz, Decano de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad de Tel Aviv. Director de Centro Manna de Biociencias de las Plantas.
• Dra. Dinora Friedmann-Morvinski, Científica e Investigadora de la Universidad de Tel Aviv.
• Prof. Manuel Trajtenberg, Miembro del Parlamento Israelí (Knesset) y Profesor de la Escuela de Economía de la Universidad de Tel Aviv.
• Dr. Miguel Glatstein, Coordinador del Área de Emergencia Pediátrica y Director del Servicio de Toxicología Pediátrica del Sourasky Medical Center, dependiente de la Universidad de Tel Aviv. Miembro del Cuerpo Docente y conferencista senior en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv.
• Prof. Uzi Rabi, Director del Centro Moshé Dayan de Estudios del Medio Oriente y África
• Prof. Alberto Spektorowski, profesor titular del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Tel Aviv
En el 2017 seguiremos trabajando para apoyar la investigación y la enseñanza de excelencia. Estamos convencidos de que el trabajo solidario y mancomunado seguirá ayudando a fortalecer la amistad e intercambio entre Argentina e Israel.
Deseamos expresar nuestro agradecimiento a todos quienes colaboraron con el accionar de nuestra institución para el logro de estas importantes actividades, miembros del consejo directivo, panelistas, socios, auspiciantes y staff profesional. También agradecemos a los profesores de la Universidad de Tel Aviv que nos visitaron y ofrecieron conferencias de alto nivel académico.
A todos ustedes, queridos Amigos, muchas gracias por acompañarnos!!!
Muy feliz 2017!!!

TECHNO DAY 2017
En los últimos años Israel se ha convertido en uno de los principales referentes de la alta tecnología a nivel internacional y los egresados de la Universidad de Tel Aviv han tenido un rol fundamental en convertir al país en una “Start Up Nation”. Es por este motivo que nuestra institución está organizando un gran evento en el que se van a presentar las últimas tecnologías disruptivas y exponenciales que están cambiando nuestra sociedad y nuestro mundo.
Los temas principales serán Bitcoin-Blockchain, Ciudades Inteligentes, el futuro del transporte, hyperloop, autos autónomos y autos eléctricos, Internet of things, Realidad Virtual, Impresoras 3D, tecnomedicina, Inteligencia artificial, bots, machine learning, big data, tecnología agropecuaria y de los alimentos, robótica y muchos más.
Serán temas centrales la inclusión de la tecnología en la educación y cómo será el futuro del trabajo, de las empresas, de la sociedad y de las relaciones interpersonales.
Sin dudas será un evento imprescindible para entender lo que se viene en un futuro inmediato y debatir juntos cómo hacer para que estas tecnologías sean útiles y productivas para el desarrollo personal, empresarial y de nuestro país.
Los cupos son limitados y las ubicaciones se asignarán por sorteo por lo que, si estás interesado en participar, te pedimos que te pre-inscribas en el siguiente link:https://technoday2017.eventbrite.com.ar


































SILVIA OCAMPO; NEGADA AL AMOR


Tal vez Victoria Ocampo sea, además de una de nuestras escritoras más renombradas, también una de las mujeres más polémicas y contradictorias de su época. Su vida se debatió siempre entre el deslumbramiento y la decepción, entre la entrega irracional y la huida precipitada, entre el deseo y la repulsión hacia aquello que anhelaba.


Victoria Ocampo nació en el seno de una de las familias más aristocráticas de la Argentina; hija del ilustre matrimonio formado por Manuel Ocampo y Ramona Aguirre, fue la mayor de seis hermanas. La familia se radicó en París; Victoria fue educada por institutrices y completaría sus estudios en La Sorbona.
Su inestabilidad afectiva habría de manifestarse desde muy joven: al tiempo que disfrutaba de todos los privilegios de vivir en la mayor de las opulencias, pronto comenzaría a repudiar aquella «celda de oro», como solía llamar a su casa. Despreciaba las convenciones, los prejuicios y el acartonamiento asfixiante de su entorno familiar y social. Necesitaba escapar.
Fue entonces cuando se deslumbró con Luis Bernardo Monaco de Estrada, un aristócrata de aspecto viril, de una inteligencia mordaz, sumamente culto e ingenioso. Victoria y Monaco se casaron el 8 de noviembre de 1912. Su inicial ceguera surgida de la pasión iba a durar menos que la ceremonia de bodas.
Aún con su resplandeciente vestido de novia, cuando tomó el brazo de su flamante marido, un impulso horroroso la obligó a separarse.
“Esos andamiajes construidos por mi imaginación se derrumbaron. Mi amor por él no fue más que una ilusión.”


Llena de decepción, decidió, sin embargo, emprender el viaje de bodas a Europa. Rápidamente, Victoria Ocampo descubrió que había salido de una celda de oro para entrar en otra, acaso todavía menos dorada.
A partir de este momento, varios hombres empezaron a entrar en la vida de Victoria, para luego salir sufriendo las más dolorosas derrotas.
La mecánica siempre era la misma: primero los elevaba sobre un pedestal de adoración y deslumbramiento e inmediatamente, cuando ya los tenía a sus pies, se dedicaba con escrúpulo a derribarlos como a ídolos de barro.
Todavía estaba casada con Monaco cuando se enamoró de Julián Martínez, un primo de su marido con fama de libertino. La atracción física que ejercía Julián sobre Victoria se había convertido para ella en una tormentosa obsesión. Victoria Ocampo y Julián Martínez decidieron alquilar un departamento en la Avenida Garay, cerca del parque Lezama, para mantener sus encuentros secretos. En un momento el terror la paraliza: cree estar embarazada. El modo en que Victoria describe tal posibilidad resulta monstruoso:
“Tenía la sensación de ser huésped de un cuerpo que obedecía a sus propias leyes y no me daba cuenta de nada. Un cuerpo ajeno, independiente de mí, y que me podía hacer, si se le ocurría, una mala jugada”.
Finalmente, se trató de una falsa alarma. Sin embargo, esta experiencia habría de signar el principio del fin de ambas relaciones: su matrimonio con Monaco y su aventura con Martínez. En 1920 se divorció. Pero cuando ya nada se interponía entre ella y su amante, Victoria, súbitamente, perdió el interés en él.
Con una notable semejanza, se enamoró perdidamente del poeta indio Rabindranath Tagore, a quien alojó durante casi seis meses en su casa de San Isidro. Cuando, finalmente, cayó rendido a sus pies y le declaró su amor desesperado, Victoria Ocampo le aclaró que el suyo no era un afecto carnal ni pasional, sino que lo único que podía ofrecerle era su sincera amistad.


Lo mismo habría de ocurrir con Keyserling, el filósofo alemán. Admiradora de sus ideas, le escribió unas cartas llenas de pasión, exaltación y fogosidad. Tan arrebatadas eran sus palabras, que el alemán le propuso un encuentro. Se conocieron en el ámbito íntimo de un hotel en Versalles.
Cuando todo hacía esperar a Keyserling un volcán de sensualidad, el veredicto de Victoria Ocampo sobre
su admirado filósofo fue lapidario:
“Físicamente, nada me atraía en Keyserling, y esa falta de atractivo, que hubiera podido permanecer como algo neutro, tomó el acento agresivo de la repulsión cuando el objeto de mi admiración se esforzaba en hacer caso omiso y alcanzar sus fines.”
En la lista de «víctimas» de la Ocampo hay que apuntar, también, a Ortega y Gasset. Cuando lo conoció, ella no cabía en su fascinación. Pero cuando Ortega recogió el guante y quiso avanzar, como de costumbre, Victoria lo rechazó.
Ortega y Gasset, con el corazón roto le escribió:
“Es mi destino, Victoria, navegar siempre hacia usted cuando usted está entregada […] Ahora la encuentro colonizada por ilusiones de Alemania y recuerdos de la India”.
Las últimas palabras estaban dirigidas a su deslumbramiento por Keyserling y por Rabindranath Tagore. Claro, Ortega ignoraba que Victoria también se había aburrido de ellos.
Pero todavía habría de dejar más corazones destrozados en su derrotero sentimental. En 1929 conoció al novelista francés Pierre Drieu La Rochelle, un espíritu ya bastante atormentado sin la ayuda de Victoria Ocampo. Juntos hicieron una dupla fatal:


“Estábamos los dos perdidos en el bosque de una cruel época de transición; perdidos en nuestra soledad; perdidos de diferentes maneras, en el problema sexual; perdidos en nuestra extraña vocación religiosa sin fe religiosa; perdidos en nuestro amor de lo absoluto y de la verdad absoluta. Una celebración de la melancolía, un goce enfermizo del sufrimiento y el pesimismo”.
Victoria Ocampo, en nombre de la rebeldía, supo acomodarse siempre al pensamiento moralista y conservador del cual procedía. En nombre de la libertad sexual, jamás se atrevió a enfrentar a su propio deseo y huyó de sus propios impulsos.
En nombre de la lucha contra la hipocresía y la doble moral, engañó a quienes decía amar y se engañó, también, a sí misma.
Victoria, paradójicamente, siempre fue víctima de su propia derrota.

F. A. 

GRACIAS A TODOS NUESTROS AMIGOS


EN EL "ESPACIO MENTE ABIERTA"; DANIEL MUCHNIK


La aparición de dos libros ha vuelto a poner en primera plana la realidad distinta que viven los europeos y los refugiados que buscan bienestar en Europa. Uno es del sociólogo Zygumt Bauman y el otro, del intelectual francés Michel Onfray.


En los últimos años arribaron al Viejo Continente aproximadamente dos millones y medio de refugiados, según estadísticas oficiales. Pero en el trayecto, más de 300.000 murieron en el Mediterráneo. Pocos dirigentes actuaron con solidaridad. El papa Francisco, Angela Merkel y algunas figuras de segundo rango. El arribo trajo fricciones. La mayoría de los recién llegados trató de integrarse. Otros produjeron peleas en los campamentos adonde estaban asignados.
Una reacción fue el crecimiento de votantes y adherentes a partidos de extrema derecha. Marine Le Pen, en Francia, es un ejemplo: exacerbó el nacionalismo, el racismo y la intolerancia, y atrajo hasta ex comunistas. No se descarta que tenga buenos respaldos en las próximas elecciones. En Alemania, los diarios locales señalan, con temor, el crecimiento de la derecha extrema. Junto con el Brexit, en Inglaterra, emergió el odio al extranjero, incluso a las familias que están radicadas desde hace un siglo. En Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega, Suecia, brota el odio a "las invasiones bárbaras". Lo mismo ocurre en los ex países de la órbita soviética que impiden la entrada a los golpes.

Bauman trata de explicar ciertas reacciones ante el fenómeno: "El hecho mismo de ser «extraños», es decir aterradoramente impredecibles, traza la diferencia de las personas con las que interactuamos a diario y de quienes creemos saber qué esperar. Pensamos entonces que la afluencia masiva de tales extraños tal vez haya destruido cosas que nos son muy preciadas." Bauman no interpone ideología a esta descripción. El "extraño" es símbolo de peligro, como lo fue, en el comienzo de la historia, para el hombre de las cavernas.

Esta bomba de tiempo no puede ser evitada por los políticos inteligentes. Pero algo hay que hacer. Cerrar las puertas a los extraños es una actitud de inhumanidad y antievangélica. Ya Turquía fue designada tapón para parar el aluvión. Y este embrollo se produce en medio del crecimiento del nacionalismo xenófobo en toda Europa. Incluso con propuestas de secesión en distintas partes del continente. En esa ola antiinmigratoria se montó el futuro presidente Donald Trump.
El actual, crispante proceso, ha llevado a varias instituciones a consultar sobre antecedentes no lejanos en el tiempo. Consultaron a historiadores israelíes del Museo Yad Vashem si esta emigración masiva, con tantos impedimentos, no es similar a la de los judíos en la década del treinta. A partir de 1933, con Hitler en el poder y luego las leyes antisemitas, judíos provenientes de Alemania, Austria, Checoslovaquia y Polonia deambularon por Europa buscando amparo. Eran 500.000 personas sin rumbo fijo. Cruzaron Francia y España hacia el puerto de Lisboa, o consiguieron visas a precios millonarios en algunos casos o entregadas con generosidad por cónsules admirables. Algunos fueron privilegiados y desde Lisboa embarcaron a Inglaterra, Canadá y Estados Unidos. Pero fueron pocos. Había allí cuotas de ingreso cerradas.
En esa década de crisis económica, todos los países erigieron murallas para evitar la entrada de judíos. Con diferentes pretextos, toda América latina dijo que no podía aceptarlos. La única excepción fue Bolivia. Los parecidos corren por cuenta de los especialistas. El conocimiento de la historia vuelve a ser valioso.

TECNOLOGÍA; ESCRIBÍ CON BAMBOO SPARK


Un bloc de notas inteligente para digitalizar ideas en papel
Probamos el Bamboo Spark de Wacom, cuyo bolígrafo registra los movimientos y los sincroniza -no en tiempo real- con una tablet


Más allá de las tabletas, las notebooks y los celulares, cada tanto irrumpe en el mercado algún dispositivo con propuestas renovadoras. El Bamboo Spark pertenece a esa clase de productos, dado que se propone llenar un espacio donde las opciones no abundan, justo en el medio de lo analógico y digital.
Wacom es una compañía que tiene un importante historial en la fabricación de tabletas para diseño gráfico; es decir, los dispositivos que digitalizan los trazos hechos con un lápiz especial y los traspasan a la computadora.
El Bamboo Spark toma otro camino. Es un bloc que permite tomar notas en papel para luego digitalizarlas en un smartphone o tablet.
A simple vista, el Spark se muestra como una agenda. Tiene tapas que simulan el cuero, un buen tamaño y un peso considerable. Para abrirlo hay que desprender una banda de goma de su lateral derecho, para luego desplegar sus tapas. A la derecha hay un anotador convencional. Las hojas se pasan hacia arriba y, a priori, parecen escasas, dando la impresión de que se terminarán entre las pruebas y los bocetos iniciales.
A la izquierda está el espacio para apoyar el equipo que digitalizará el contenido bosquejado (teléfono o tablet, que no se incluyen en el paquete), mientras que en el centro se encuentra el bolígrafo que captura el movimiento de la mano y almacena los trazos y los guarda en el dispositivo conectado.
Para terminar, en el lado izquierdo hay un bolsillo con cierre magnético para alojar el equipo de digitalización elegido, repuestos de hojas o tarjetas. Para lo primero, da la impresión de que tanto celulares como tablets quedan algo apretados en el compartimento.
Bosquejando ideas
Para usar el Spark hay que instalar la appInkspace de Wacom en el dispositivo que se vaya a usar. También hay que poner a cargar el anotador inteligente mediante un cargador con conector micro USB (no incluido).
Hecho esto, habrá que encender el Spark mediante la perilla ubicada en su parte inferior. Luego se arranca la app y se procederá a la primera sincronización vía Bluetooth, que, además, permitirá configurar la disposición de la hoja en la que el usuario tomará notas.
Para comenzar a anotar se utilizará el bolígrafo incluido, que es el que tiene la capacidad de capturar los trazos realizados con la mano. Luego de que la anotación en papel está terminada, sólo habrá que presionar el botón de sincronización ubicado en el centro del dispositivo para que texto y dibujos pasen al dispositivo.
Una vez digitalizado el contenido, se podrá editar desde la app, que permite borrar, dibujar, seleccionar y mover. También se puede exportar el contenido para almacenar el trabajo de manera local en el smartphone. Entre los formatos disponibles se encuentran JPG, PNG y PDF. En tal sentido, se echa de menos la posibilidad de compartir las producciones en otras plataformas, incluyendo enviarlas por email, sincronizarla con Evernote o subirlas a las redes sociales.
Un aspecto por destacar es el de los consumibles. El Bamboo Spark incluye dos repuestos para el bolígrafo y puede utilizarse cualquier papel para anotar, mientras tenga un tamaño similar al que viene con el producto. Tiene sentido, porque, como se indicó antes, el anotador que viene de fábrica se acaba rápido.
Conclusiones
El Bamboo Spark es un interesante accesorio para plasmar ideas en formato digital con la irremplazable, veloz y práctica apoyatura analógica. Durante las pruebas, el producto resultó ser una buena combinación entre los dos mundos, combinando la facilidad de uso de un bolígrafo y papel, y la plasticidad que supone compartir un archivo en formato digital.
En relación a su precio (3280 pesos) habrá que ver si las producciones realizadas con el Spark solventan el costo inicial del dispositivo. A priori, para sólo jugar con él, la inversión puede resultar algo excesiva.
F. R.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

TANGO CON RUDY CHERNICOF


Se viene!
GRAN CIERRE DE AÑO DE AMIA CULTURA!


Vení a despedir el 2016 con nosotros en un show de tango y humor, de la mano de Rudy Chernicof.
Jueves 29, 20hs. Entrada GRATUITA.
Auditorio AMIA - Pasteur 633m 1º subsuelo.

METACOGNICIÓN



Toda revolución tiene un orador y la de 1810 lo tuvo: el abogado Juan José Castelli, vocal de la Primera Junta de Gobierno. El escritor argentino Andrés Rivera recrearía sus últimos en la novela La revolución es un sueño eterno, conmovido por el hecho de que quien fuera el orador de la revolución muriera de cáncer de lengua. Rivera imagina un Castelli que, como ya no puede hablar, escribe sus pensamientos y recapacita sobre ellos.
Esta habilidad que tenemos de reflexionar sobre nuestros propios pensamientos y evaluar la precisión de las decisiones que tomamos se denomina “metacognición”. Es aquella capacidad que nos permite emitir juicios de valor sobre nuestras propias ideas.
En la década de los setenta, el psicólogo norteamericano John H. Flavell la definió por primera vez como el conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos, nuestras actividades y las estrategias que utilizamos cotidianamente. Cuando metacognizamos, nos convertimos en audiencia de nuestro propio desempeño intelectual, nos volvemos observadores activos y reflexivos de nuestro pensamiento. “Yo, ¿quién soy? Yo, que me pregunto quién soy, miro mi mano, esta mano, y la pluma que sostiene esta mano, y la letra apretada y aún firme que traza, con la pluma, esta mano, en las hojas de un cuaderno de tapas rojas”: así procede el Castelli de Rivera. 




Dos aspectos fundamentales están involucrados en la metacognición. Por un lado, la habilidad de pensar sobre lo que pensamos, aprendemos y conocemos; y, por otro, la capacidad de planificar, autorregular y monitorear la manera en la que lo hacemos.
A través de estudios de resonancia magnética se observó que, a nivel cerebral, los participantes que tenían mayores capacidades metacognitivas presentaban más sustancia gris, el tejido que contiene los cuerpos de las neuronas, en la corteza prefrontal anterior del cerebro. También, identificaron mayor integridad en tractos de sustancia blanca que conecta diferentes áreas del cerebro con la corteza prefrontal.
Si bien todos tenemos la habilidad metacognitiva, no somos igualmente exitosos al momento de ponerla en práctica. Diversas investigaciones exponen que quienes son eficientes en la resolución de problemas, tienen más desarrolladas estas habilidades. Por lo tanto, suelen reconocer los errores en el propio pensamiento y monitorear los procesos de reflexión. Ahora bien, también es posible desarrollarlas. Por este motivo, sería muy beneficioso que se la considerara aún más, especialmente, en el ámbito educativo. Los educadores pueden contribuir con múltiples estrategias a su impulso. Si los alumnos reflexionan activamente sobre su propio proceso de aprendizaje y pensamiento, pueden ser más conscientes, por ejemplo, para la autocorrección.

 Además de tener un impacto positivo en la educación, la ciencia de la metacognición contribuye a la reflexión sobre culpas y castigos en el ámbito judicial, sobre los tratamientos en las enfermedades neurológicas y psiquiátricas, y en la interpretación de la propia naturaleza humana.
Una sociedad que le atribuye relevancia a la propia conciencia puede también reflexionar sobre sus decisiones, sus juicios, sus errores y sus proyectos. Así, en soledad y en sus últimos días, lo exhibe el Castelli de Rivera: “En esas desveladas noches de las que te hablo, pienso, en el intransferible y perpetuo aprendizaje de los revolucionarios: perder, resistir. Perder, resistir. Y resistir. Y no confundir lo real con la verdad.”

f. m.